Resumen
El presente artículo intenta demostrar el papel que juega el Estado capitalista como garante de la sostenibilidad económica y social de la tasa de ganancia como fundamento de la acumulación. Para tal fin se estudia, por medio del análisis marxista del Estado, las tres fases evolutivas o Formas-Estado: el Estado liberal clásico, el Estado keynesiano del bienestar y el Estado neoliberal. Se concluye, como principal aporte, que el Estado se encuentra en continua transformación de acuerdo a las condiciones económicas, políticas y sociales con las que se enfrenta el capital, apartándose radicalmente del ideal liberal de autonomía, neutralidad y benevolencia.
Palabras clave: Pensamiento económico, marxismo, Estado, historia económica, economía política.
Abstract
The present article tries to demonstrate the role that plays the capitalist as responsible State of the economic and social support of the rate of profit as foundation of the accumulation. For such an purpose three evolutionary phases or Forms - conditions are studied, by means of the Marxist analysis of the State: the liberal classic State, the Keynesian State of the well-being and the neoliberal State. One concludes, as principal contribution, that the State is in continuous transformation of agreement to the economic, political and social conditions which the capital faces, separating radically of the ideal liberal one of autonomy, neutrality and benevolence.
Key words: Economic thought, Marxism, State, Economic history, Political economy.
Clasificación JEL
P - Economic Systems
P00 - General
P11 - Planning, Coordination, and Reform
P16 - Political Economy
El desarrollo histórico del Estado capitalista. Economía política de la transformación económica y social
Oscar Javier Pérez Lora1
-Introducción-I.Capitalismo y tasa de ganancia. – II.Estado y tasa de ganancia. –III.Formas-Estado. –IV.Conclusiòn. –Bibliografìa.
Introducción
El estudio del Estado implica trascender su figura de ente autónomo, de poder impuesto desde fuera a la sociedad, de “realidad de la idea moral”, de “la imagen y la realidad de la razón” como lo expresara Hegel. El Estado dentro de la tradición de la filosofía liberal se concibe como un dictador benevolente, imparcial y neutro cuyo papel es el conciliar intereses opuestos cualesquiera que éstos sean2. Sin embargo, este enfoque conduce a la interpretación errónea de una marcada separación entre el aspecto económico y político de la sociedad en su conjunto y se pierde de vista la compleja relación entre ellos. Es así como gran parte de las discusiones referentes al Estado giran en torno al vacuo problema del grado y forma de la intervención de éste en la economía sin descubrir el carácter y sentido de tal intervención en la estructura económica y social, es decir, se limitan a la “forma de Estado”. Muy diferente es entonces el “tipo-Estado” cuyo carácter consiste en mantener las condiciones económicas, sociales, políticas e ideológicas de la reproducción del capital. Es decir, el Estado contemporáneo correspondiente al sistema capitalista adquiere diversas formas de gobierno y de arquitectura institucional pero manteniendo un mismo tipo de función entendida como el garante de la propiedad privada y del orden social con el fin de mantener y reproducir las relaciones sociales en cuyo ordenamiento la clase poseedora de los medios de producción es la dominante.
Ahora bien, el presente artículo parte de la tesis según la cual el modelo del tipo-Estado contemporáneo surgido de la revolución francesa de 1789 y extendido a toda Europa y América corresponde a los intereses del capital en su reproducción y cuyas formas de garantizarlo, forma Estado, cambian en el tiempo de acuerdo a las necesidades específicas de cada periodo considerado.
Por lo tanto, de acuerdo al papel que juega el Estado en la estructura económica y social éste adquiere diversas formas de gobierno o arreglos institucionales que serán el objeto de estudio. Asimismo, estos cambios de las formas de gobierno corresponden a situaciones objetivas de las diferentes condiciones a las que se enfrenta la acumulación del capital.
Al interior de la teoría marxista respecto al estudio del Estado es importante recordar que en los trabajos de Marx y Engels no se alcanzó a desarrollar un análisis completo del Estado y como resultado se encuentran fragmentos en toda la obra de estos autores. Posteriormente, los diversos autores marxistas han intentado unificar una teoría consistente del Estado y se han configurado diversas perspectivas marxistas del mismo que en opinión del autor corresponden a fases establecidas de la evolución del sistema capitalista que han complejizado su estudio, y cuyos componentes no son contradictorios sino mas bien complementarios en el espectro histórico del desarrollo material de la sociedad.
Principalmente, se identifican seis perspectivas: el Estado-instrumento, el Estado del capitalismo monopolista, el Estado gramsciano, el Estructuralismo-marxista, la escuela de la Derivación o Lógicos del capital (Medellín, 1986) y el trabajo desarrollado por Louis Althusser.
La versión del Estado-instrumento concibe al Estado como mero instrumento de explotación de las clases poderosas hacia los explotados en lo concerniente a lo económico y lo represivo. Se corresponde esta versión a mediados del siglo XIX y principios del XX donde era claro y evidente la represión ejercida por el Estado en contra del movimiento obrero en acontecimientos históricos como la comuna de París, el primero de mayo de 1889, la coalición de las naciones europeas en contra de la naciente Unión Soviética y en Colombia el recordado suceso de la masacre de las bananeras.
Posteriormente, con la introducción del fordismo en la producción y el ascenso del movimiento obrero, se reconoce la clase obrera como agente político y de riesgo para la reproducción misma del capital y se incluye ésta dentro del aparato estatal. A mediados del siglo XX, ante los procesos de centralización del capital, el Estado juega un importante papel en el mantenimiento de la tasa media de ganancia en el monopolio, dando lugar a la perspectiva del Capitalismo Monopolista. Con estas condiciones la estrategia del movimiento obrero era la “infiltración” al interior del Estado creando fisuras tras la sustitución de la burocracia estatal comprometidos con el monopolio por dirigentes comprometidos con el sector obrero. Tuvo sus mayores desarrollos en el partido comunista francés quien lo aplicó como estrategia política.
A continuación, el trabajo de Gramsci trata de estudiar el Estado más allá de un simple instrumento de represión y acciones de política económica. El Estado es también el gran productor de consenso, el “educador de masas”, significa la interiorización de la visión del mundo y la forma de conciencia de los intereses de la burguesía, es hacer extensiva la ideología burguesa al resto de los miembros de la sociedad. El Estado busca la hegemonía política que consiste en la consecución del consenso bajo los parámetros de la clase burguesa.
A finales de los años sesenta con el ya evidente debilitamiento del modelo fordista de producción y la consecuente pérdida de competitividad de las economías occidentales, la estanflación y la crisis de Estado de bienestar, aparece la escuela Estructuralista-marxista, principalmente en la obra de Poulantzas cuyo trabajo parte de la crítica a la versión Instrumentalista del Estado ante el reduccionismo que es sometido éste. Reconoce cierta autonomía relativa del Estado frente a las distintas clases sociales, permitiéndole una actuación flexible dentro de la estructura productiva.
Para mediados de los años setenta da aparición la corriente de la Escuela de la Derivación o Lógicos del Capital como respuesta a las reformas propuestas por la corriente del Capitalismo Monopolista anteriormente citado. Esta escuela critica la visión “funcionalista” del Estado y expone que éste “fundamenta su existencia en el capital (...) Toda burocracia, por revolucionaria que pudiese ser, se encuentra obligada a actuar bajo la racionalidad del Estado capitalista, encontrándose, como cualquiera de ellas, frente a pequeños márgenes de acción que oscilan entre las opciones de política económica que se traducen en escuálidos cambios cuantitativos (...) El Estado no puede ser concebido como un simple instrumento, ni como una institución establecida por el capital, sino más bien como una forma particular de la existencia social del capital en relación con la competencia, como un momento esencial del proceso social de la reproducción del capital” (Alvater, 1977, p.37).
Finalmente, el filósofo francés Louis Althusser pone énfasis en los aparatos ideológicos del Estado puesto que “ninguna clase puede detentar durablemente el poder del Estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del Estado” (Althusser, 1974). Define aparato del Estado como el conjunto de instituciones que desarrollan las diversas funciones del Estado. Estas funciones son la función represiva compuesta por el ejército, la policía, las cárceles, tribunales de justicia, etc. La función técnico-administrativa se refiere al gobierno, el parlamento, obras de infraestructura, la administración pública y la política económica como tal, debido a la creciente división del trabajo que dificulta en algunos aspectos la coordinación entre las unidades productivas. Esta función en apariencia puede parecer neutral pero en su concepción y ejecución responde a las necesidades estratégicas del capital; por ejemplo, la construcción de vías no excluye de su uso a ningún individuo de la sociedad, sin embargo, estas vías se concentran en los circuitos industriales y en el acceso a los puertos, mientras que una gran porción del territorio carece de las mismas3. Por último, la función ideológica del Estado o “fuerza espiritual de represión”, como lo denomina Marx, consiste en la reproducción de la ideología de la clase burguesa4 como clase dominante representada en la religión, la educación, la familia, la justicia, la política, de información (prensa, radio, televisión), sindical y cultural. Ahora bien, muchos de estos aparatos funcionan de manera privada, pero lo que interesa en su análisis no es la clasificación en el derecho burgués sino a lo referente al modo de cómo funcionan (Harnecker, 1997).
De acuerdo a las diferentes versiones marxistas referentes al Estado es de notar la evolución misma de éste y su creciente grado de complejidad a través del tiempo. En el presente trabajo, sin desconocer las otras versiones, se parte del análisis realizado por Louis Althusser del aparato estatal y sus tres funciones básicas para analizar los tres grandes periodos, propuestos en este artículo, de las Formas-Estado existentes en la historia del capitalismo, a saber: el Estado liberal clásico, el Estado keynesiano del bienestar y el Estado neoliberal de nuestro tiempo.
En conclusión, el estudio del Estado va más allá de un simple aparato de represión al servicio de una clase determinada, es el garante del orden social establecido en que la clase dominante obtiene su poder político y económico. Por ende, su papel es más sutil y en ocasiones imperceptible a la experiencia, sin embargo, su efecto es en esencia el mismo. Es evidente la apertura del Estado a otros sectores de la sociedad y una aparente lucha al interior de éste, pero asimismo las reglas de juego al ingresar en el Estado establecen como condición -no perceptible a cambios- la protección de la propiedad privada y el papel central del capital como creador y administrador de la riqueza, con lo cual es imperioso el mantenimiento de las condiciones óptimas (léase de rentabilidad) para la acumulación. De ahí radica su dificultad como objeto de estudio, pues también se trata de un periodo histórico cuyas características económicas y sociales se han gestado desde el siglo XIII.
La única diferencia con los trabajos enmarcados en la tradición marxista consiste en considerar el papel del Estado más etéreo de lo supuesto hasta ahora y en realizar el énfasis en la tasa de ganancia en lugar de la acumulación como variable explicativa, debido a que la primera explica la segunda. Asimismo, todos los trabajo anteriores se limitan a estudiar las funciones del Estado, el principal aporte de este artículo es intentar estudiarlo a través del tiempo en un proceso dinámico e histórico.
Asimismo, comúnmente se supone en el análisis marxista respecto al Estado la validez de la “tendencia decreciente de la tasa de ganancia”. Se considera por el contrario que, primero, de las causas contrarrestantes de la tasa de ganancia expuestas por Marx5 y, segundo, del aumento de la productividad del trabajo que permite un aumento constante de la plusvalía relativa, que en el transcurso del periodo estudiado en el artículo no se hace evidente tal tendencia de manera clara. Por este motivo, se abstrae del análisis esta tendencia y se supone que si bien la tasa de ganancia puede ser muy variable, debido a circunstancias determinadas, no presenta en sí misma una tendencia (Sweezy, 1987).
El artículo se compone de cuatro secciones y la presente introducción. La primera sección investiga la relación y lugar entre la tasa de ganancia y el capitalismo. Posteriormente se establece la relación entre el Estado y la tasa de ganancia y las medidas que éste desarrolla con el fin de garantizar la segunda. En la tercera sección se estudia las tres grandes Fases-Estado propuestas. Finalmente, se presenta una conclusión.
I.Capitalismo y tasa de ganancia
La producción de mercancías, definida como la producción para el mercado, ha estado presente en la historia humana y su existencia no corresponde únicamente al capitalismo. Sin embargo, dentro del capitalismo adquiere nuevas y distintas características. La diferencia específica del capitalismo consiste en que la producción se realiza por medio de la compra y venta de la fuerza de trabajo y cuyo resultado es la separación entre el productor directo y los materiales y capital necesarios para la producción, existe una separación o alineación entre el productor directo de su producto o trabajo. El capitalista, como agente que comanda el proceso de producción, se destaca como agente innovador que crea y desarrolla un nuevo producto, un nuevo mercado, o nuevas técnicas de producción, tal y como lo planteara Schumpeter.
En la producción simple de mercancías el productor vende su producto con el fin adquirir otras mercancías con un valor de uso determinado para la satisfacción de sus necesidades. Las mercancías constituyen en sí la racionalidad del proceso del intercambio. Bajo el capitalismo, con un capital inicial en forma de dinero, compra materiales, maquinaria y fuerza de trabajo, y posterior a la producción las vende en el mercado dando como resultado una suma determinada de dinero, pero mayor a la inicial. El dinero es entonces el principio, el fin y el motivo para la producción. Este incremento entre el capital inicial y el final constituye lo que Marx llamó plusvalía6.
Surge entonces la importante diferencia realizada por Marx entre trabajo necesario y trabajo excedente. El primero se refiere a los medios de subsistencia del trabajador mientras que el segundo se refiere al producto creado por el trabajador que supera a lo necesario para su supervivencia y del cual es apropiado por el capitalista. Por ejemplo, si la jornada laboral es de 12 horas y tan sólo 6 horas son necesarias para la manutención del trabajador, el producto de las restantes 6 horas es apropiado por el capitalista en forma de plusvalía (Sweezy, 1987). El capitalista, de manera racional, buscará la forma de reemplazar mano de obra por capital para reducir costos y minar el poder de negociación del trabajador.
De acuerdo a la anterior discusión, la tasa de ganancia, que está en función de la tasa de plusvalía y de la composición orgánica del capital, depende de manera directa de cuatro factores: la extensión de la jornada laboral, la productividad del trabajo, el nivel de acumulación y la realización en el mercado de su producción (demanda efectiva). Y de manera inversa del salario real.
El capitalista como el poseedor de los medios de producción y cuyo objeto es la maximización de las ganancias deseará, en la medida de sus posibilidades, manipularlas a su antojo. Adicionalmente, la tasa de ganancia carece de sentido sin el marco institucional que garantice la legitimidad de la apropiación del producto y su libre disposición como mejor le antoje.
Estado y tasa de ganancia
Los anhelos del capitalista como individuo se hace extensible a la clase capitalista en su conjunto, y estos deseos encuentran en el Estado la herramienta de su realización. A través del Estado la clase capitalista ejerce medidas con el fin de mantener la tasa de ganancia en ocasiones con la opresión directa de la clase obrera o concediendo ante la misma, de acuerdo al cálculo de sus propios intereses. “Nuestra premisa es que el Estado capitalista debe tratar de satisfacer dos funciones básicas y a menudo contradictorias: acumulación y legitimación. Esto significa que el Estado debe intentar mantener o crear las condiciones en las cuales sea posible la acumulación rentable de capital. Además, el Estado debe tratar también de mantener o crear las condiciones necesarias a la armonía social” (O’Connors, 1981, p. 21). Cabe asimismo anotar que dentro de la clase capitalista existen diferencias entre individuos o sectores de la misma, por lo cual el Estado se presenta por encima de intereses particulares y cumple también la función de regular la relación entre los capitalistas y limitar prácticas o comportamientos de corto plazo que afectarían sus intereses en el largo plazo7.
Adam Smith ya había advertido el poder político que es capaz de lograr la clase burguesa de acuerdo a su situación objetiva dentro de la sociedad. Dos factores le son favorables: primero, su número reducido le permite organizarse con relativa facilidad y ponerse de acuerdo en lo fundamental respecto a sus intereses. Segundo, debido a que permanentemente se encuentra realizando planes y cálculos tiene una mayor agilidad política. “Son personas que habitualmente emplean los mayores capitales, y que con su riqueza atraen la mayor parte de la consideración de los poderes públicos hacia sí. Como toda su vida están ocupados en hacer planes y proyectos, frecuentemente tienen mayor agudeza y talento que la mayor parte de los terratenientes”8 (Smith, 1776, p.326).
La clase capitalista consciente de sus intereses intenta difundir el discurso de la conciliación de sus intereses con los de la sociedad en general, aún cuando en ocasiones pueden ser contrarios. Reclaman la defensa de sus intereses como la defensa de la sociedad misma. En el aspecto económico enfatiza su discurso en la ecuación “inversión = empleo, demanda, disminución de la pobreza” como justificación para crear y mantener las condiciones óptimas para la realización de la tasa de ganancia sin importar si también corresponde al beneficio de la sociedad. “Gracias a este superior conocimiento de sus propios intereses, frecuentemente se han aprovechado de la generosidad del propietario, induciéndole a renunciar a sus propios intereses y a los generales del país; y ello debido a una convicción simple y honesta: que sus intereses (...) coinciden con el bienestar general (...) Sin embargo, como ejercitan su inteligencia habitualmente en los intereses de su rama particular de los negocios, más bien que en los generales de la sociedad, su dictamen, aun cuando se dé con la mayor buena fe -lo que no siempre ocurre- se inclina más a favor del primero de esos objetivos que del segundo” (Smith, 1776, p.326).
Finalmente, el Estado capitalista puede tomar diversas formas que va de las más democráticas hasta el fascismo en función de las condiciones históricas concretas para mantener la estabilidad política del sistema y las relaciones sociales desprendidas de la propiedad sobre los medios de producción. Precisamente el fascismo de Italia y Alemania surge ante el auge del movimiento obrero y la sujeción es por la fuerza y no desde el convencimiento del resto de las clases sociales. Un caso opuesto es el de Estados Unidos, en su forma. Desde sus inicios como nación, la forma democrática de Estado se debe a la escasez relativa de la mano de obra respecto al capital y a la tierra que le dio poder de negociación a la clase trabajadora, y por consiguiente, el modelo democrático es el más apropiado para sujetar al trabajador asalariado9. Otro ejemplo claro es el golpe militar sucedido en Chile, patrocinado por las clase capitalista con el fin de mantener sus privilegios ante la amenaza que suponía el gobierno de Allende por las reformas que proponía. Los ejemplos no sobran y el espectro de formas de gobierno son diversas, pero el tipo de Estado guarda su función esencial de protección de la propiedad privada y el mantenimiento de la tasa de ganancia por los medios que sean necesarios.
II.Formas-Estado
Entrando ahora al análisis del Estado en sus manifestaciones concretas, la primera consideración a tomar en cuenta es que éste no ha existido siempre. En el comunismo primitivo el trabajo era apenas suficiente para la supervivencia y en esa medida era imposible establecer un grupo de personas diferenciadas del resto de la sociedad para llevar a cabo procesos de gobierno y coordinación entre los individuos. Estas funciones eran realizadas por los ancianos y tanto la producción como la distribución se realizaban de manera común (Engels, 1884).
Ahora bien, gracias al desarrollo de las fuerzas productivas (desarrollo de la agricultura, domesticación de animales y perfeccionamiento de herramientas), se incrementó la productividad del trabajo y con ello dio lugar a la creación del excedente económico. Bajo estas nuevas condiciones las guerras entre tribus o grupos étnicos no se elimina al derrotado sino que por el contrario se esclaviza con el fin de apropiarse del excedente producido por éste. Se crea entonces la división de la sociedad en clases y su antagonismo, naciendo así el Estado como necesidad de lograr mantener la explotación de una clase por otra por medio de los diferentes aparatos que va del ejército a las leyes mismas. En palabras de Engels:
El Estado es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado: es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del “orden”. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado (...) Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida (Engels, 1874, p.334).
El tipo-Estado burgués nace de la estructura social creada por el capital y tiene sus raíces más profundas en la baja Edad Media, nacida en los burgos de las ciudades. La modernidad como subjetividad se constituye en tres grandes momentos que son la Reforma, la Ilustración y la Revolución francesa, tal como lo expusiera Hegel. Con la reforma protestante se forma una nueva ética respecto a la vida y el trabajo. Diferente a la concepción católica (el trabajo como castigo, la condena a la búsqueda de lucro, abandono del egoísmo y estricta sujeción a los gremios), la ética protestante libera al individuo y lo magnifica a través del trabajo y del cálculo de su propio beneficio que es el beneficio de toda la sociedad. Es el individuo quien de manera directa establece su relación con Dios sin necesidad de intermediarios ni instituciones que son por antonomasia opresoras del desarrollo individual. La Ilustración, con todo el acumulado filosófico desde el renacimiento, enaltece la razón como instrumento máximo de conocimiento y valida, por consiguiente, el modo de pensar burgués (cálculo del mayor beneficio, racionalidad de la producción, innovación técnica, etc)10. La Revolución francesa por su parte consolida el poder político burgués y constituye la configuración del Estado moderno en su conocido lema de igualdad, fraternidad y libertad. De lo anterior hay por anotar que la igualdad es entendida ante las leyes pero fundamentadas en la protección de la propiedad privada; la libertad se refiere a la liberación del individuo de las ataduras sociales de la Edad Media; y, la fraternidad se da sobre la base de las nuevas relaciones económicas y sociales basadas en la libre concurrencia.
Un punto adicional antes de continuar consiste en que el Estado no está directamente comandado por la clase burguesa sino que en su lugar existe un cuerpo burocrático que toma las decisiones y las ejecuta. Sin embargo, mirando la composición al interior del Estado, las personas que ocupan los altos cargos están relacionadas con el sector capitalista y en ocasiones son empresarios, banqueros o industriales. Las campañas presidenciales y del parlamento son financiadas por las grandes empresas y los medios de comunicación, pertenecientes al sector capitalista, juegan un papel fundamental en la imagen o descrédito de las figuras públicas.
Por último, para analizar lo concreto, más arriba anotábamos que el Estado cumple dos funciones: acumular y legitimar. Para la primera función existen cinco puntos que caracterizarán a cada Forma-Estado: la extensión de la jornada laboral, la productividad del trabajo, el nivel de acumulación, la demanda efectiva y el salario real. Para la segunda, se utiliza el discurso ideológico y los sistemas políticos cuya naturaleza será determinada por las condiciones históricas dadas.
Forma-Estado del liberalismo clásico
En los escritos de los economistas clásicos la posición frente al Estado ha sido sencilla pero muy consistente en sus argumentos. Para Smith el Estado debe limitarse a tres funciones básicas: proteger las fronteras de agresiones del extranjero, impartir justicia entre los ciudadanos y proveer bienes públicos (principalmente infraestructura) que el mercado por sí mismo es incapaz de realizar ante la ausencia de los incentivos necesarios.
La doctrina del laissez-faire, laissez passer, se corresponde a la situación objetiva de la tasa de ganancia y, por ende, de la acumulación de capital. Una vez liberado en el siglo XIX de las trabas feudales, el capitalismo desarrolla una dinámica propia y boyante, a pesar de las sucesivas crisis y auges. La tasa de ganancia como fundamento de la acumulación era auto sostenible por sí misma y no necesitaba intervención o mejora alguna, es decir, no necesita del Estado, restringiendo al mínimo su participación económica. El capital exige la libertad de movilizar sus inversiones, exige también las condiciones adecuadas en lo que respecta a la seguridad de su inversión y los frutos de ésta (Smith habló de proteger al país de agresiones extranjeras). Necesita la infraestructura en carreteras, puentes, puertos, etc, sin los cuales es imposible la realización de las mercancías producidas en el mercado. Por último, la administración de justicia referida por Smith se relaciona con la protección jurídica de la propiedad privada, pues no tendría sentido acumular, y del cumplimiento de los contratos, sin los cuales harían del proceso de producción muy incierto.
En lo que respecta al proceso de producción y distribución el mercado a través de la conocida mano invisible11 realiza la eficiente creación de la riqueza y su reparto entre las diversas clases componentes del producto y cuya intervención por parte del Estado traería mayores males que fortuna.
Sin embargo, la intervención del Estado se hizo efectiva en este periodo en lo que corresponde a permitir y reforzar la sobreexplotación de la fuerza laboral. Al fundarse la tasa de ganancia en la plusvalía absoluta, la extensión de la jornada laboral se llevó al límite humano y el salario real fue el de sobre vivencia.
Aparte linderos extremadamente elásticos, la naturaleza del cambio mismo de mercancías no impone límites a la plusvalía. El capitalista sostiene sus derechos como comprador cuando trata de hacer la jornada de trabajo tan larga como sea posible ... Por otra parte... el trabajador sostiene el derecho como vendedor cuando quiere reducir la jornada de trabajo a una duración normal precisa. Hay aquí, por consiguiente, una antinomia, derecho contra derecho, ambos con el sello de la ley de los cambios. Entre derechos iguales la fuerza decide. De aquí que en la historia de la producción capitalista la determinación de lo que es una jornada de trabajo se presente como el resultado de una lucha entre el capital colectivo, es decir, la clase de los capitalistas, y el trabajo colectivo, es decir, la clase obrera (Marx, Capital, I, capítulo X, p.259). (Las cursivas son mías).
Por otra parte, las principales potencias capitalistas buscaron establecer colonias y mercados con un doble propósito: disminuir costos en las materias primas y bienes salario y garantizar la demanda de la producción.
La acumulación de capital se caracterizó por la reinversión en el mismo sector productivo como mecanismo de aumentar la oferta y con ésta la ganancia al contar con un mercado aún expansivo.
Una vez establecido sólidamente el Estado burgués se consolida completamente el capitalismo como sistema de producción económica y social. Sin embargo, contrario a las grandes expectativas de una sociedad justa y libre, el siglo XIX constituye la penuria del trabajo. Como consecuencia del proceso de producción y acumulación capitalista el desarrollo de las fuerzas productivas fueron enormes pero de la misma manera los creadores de esa inmensa riqueza, los trabajadores, se veían cada vez más miserables y ajenos al fruto de su trabajo. En este contexto, con importantes repercusiones sociales, surgen los movimientos comunistas y socialistas como reacción –aunque de manera desarticulada y de corto plazo- a las condiciones bajo las cuales se encuentra sometido el trabajador. La confrontación social entre el movimiento obrero y el capital exige la profesionalización de los aparatos represivos del Estado como mecanismo de legitimación, y se entiende entonces el Estado-instrumento expuesto por los primeros marxistas.
Forma-Estado keynesiano del bienestar o del nuevo pacto social
Dos acontecimientos configurarán la aparición del Estado keynesiano del bienestar, uno de ellos es político y el otro es de carácter económico. El primer acontecimiento se relaciona con la Revolución rusa de Octubre de 1917 y el surgimiento del mundo comunista. A partir de aquí cada problema recibe nuevas perspectivas y nuevas dimensiones, pues significa la construcción del primer Estado obrero y se establece una nueva clase obrera liberada. La respuesta del capital consistió en el aislamiento de la URRS (militar, político, económico y diplomático) como también la separación, al interior de los países capitalistas, de la vanguardia del movimiento obrero de sus bases, “cortar el partido de la clase”, a través del taylorismo y el fordismo que introducen la producción en masa y la descalificación de la fuerza de trabajo.
El segundo acontecimiento es el recordado martes negro de 1929 que más que la caída de la bolsa de Nueva York, arrasa con la mitología del mercado y el fin del laissez faire como garantía de la hegemonía burguesa. El capitalismo entra entonces en crisis, pero esta vez la tasa de ganancia es la perjudicada poniendo en riesgo los procesos mismos de acumulación.
Conjugados estos dos acontecimientos se produce un gran impacto sobre la estructura del capital y es Keynes quien logra vislumbrar la nueva situación y propondrá una solución que llegará hasta los años setenta del siglo XX. Consiste en la reconstrucción capitalista sobre la base del descubrimiento del antagonismo obrero/capital y de hacerlo funcionar dentro del Estado con el objeto de evitar su actuación deliberada y autónoma que pondría en peligro al sistema económico mismo (Negri, 1967).
Entonces, lo primero es solucionar ¿cómo bloquear y controlar el impacto de la revolución de Octubre sobre la estructural del capital? Consiste en recuperar la clase obrera como sujeto político. El mecanismo de la plusvalía relativa era insuficiente y ahondaba la crisis y el antagonismo ya que la expansión de la oferta no reconocía la demanda como sujeto efectivo. Implica ello la inconsistencia de la ley de Say que considera al sistema como espontáneo y niega la negación potencial de la clase obrera ante las nuevas circunstancias objetivas. Keynes aparece entonces en escena ante la urgencia de un nuevo equilibrio económico y social (Negri, 1967).
La crítica de Keynes al Tratado de Versalles (1919), posterior a la primera guerra mundial, consiste en que éste traerá aparejados conflictos sociales que pondrían en riesgo la estabilidad política del sistema capitalista. “Si nuestro propósito deliberado es el empobrecimiento de Europa central, me atrevo a predecir que la venganza no se hará esperar. Nada podrá retrasar entonces por mucho tiempo la guerra civil final entre las fuerzas de la reacción y las desesperadas convulsiones de la revolución ante las cuales los horrores de la reciente guerra alemana palidecerán, y destruirá, cualquiera sea el vencedor, la civilización y el progreso de nuestra generación” (Keynes, 1919, p. 251). El llamado de Keynes es a consolidar la economía de Europa central como barrera a la expansión de la URRS y los movimientos obreros al interior de cada país, espantar de Europa el fantasma del comunismo.
En segunda medida, ¿cuál es entonces la situación de la tasa de ganancia y la acumulación del capital después del 29? Es la acumulación de una oferta excedente que reduce el nivel de las inversiones netas, significa la caída de la eficiencia marginal del capital. En los años veinte el alargamiento de la base de la oferta es la reconversión de la industria bélica a través de la innovación y el aumento de la productividad del trabajo que resultó en el aumento de la producción de bienes durables que no se acompañó con un cambio en las relaciones establecidas con la demanda. Las expectativas son la inseguridad y el miedo ante el futuro, el Estado debe defender el presente del futuro según el presente (en el largo plazo todos estamos muertos) con el objeto no de garantizar el hecho sino la certeza del pacto, es la garantía de la demanda y de la inversión.
La teoría de la demanda efectiva busca regular el antagonismo de manera favorable con un aumento sostenido del salario real indexado a la productividad. El paradigma keynesiano consiste en lograr la igualdad entre ahorro e inversión sin pleno empleo, puesto que, con base a la crítica de Say, el mercado no garantiza la actividad suficiente para lograr el pleno empleo. Por lo tanto, la nueva función del Estado consiste en aumentar la demanda agregada, estabilizar los ciclos económicos y suplir el nivel de inversión reorientando el gasto público y la inversión12. La política salarial, los servicios de seguridad social y el sistema impositivo progresivo no originarían siempre el aumento de la inflación y el desempleo sino que coordinados de manera adecuada por el Estado generan el aumento de la producción, la distribución y el empleo (Iranzo, 1999).
En resumen, durante más de un siglo de crecimiento autónomo de la acumulación y donde la tasa de ganancia era autosostenible, el capital ve en el Estado un simple garante de la defensa de su propiedad y de los contratos y como oferente de la infraestructura. Con el ahondamiento de las contradicciones entre producción social y apropiación privada que dieron como resultado procesos como el movimiento del 48, la comuna de París de 1870 y 1879 y de la revolución rusa no queda más camino que el reconocimiento de la clase obrera como sujeto político y de la cual se le debe hacer partícipe de la riqueza por éste creada, no por altruismo o sentido de justicia, sino como manera de garantizar la sostenibilidad política del sistema. Por otra parte, los procesos de concentración y acumulación del capital junto al rezago progresivo de la demanda frente a la oferta devinieron a su vez en la crisis del 29. El sistema, a partir de este momento, no es autosostenible y necesita de su reconfiguración a través de la intervención directa del Estado supliendo las falencias del mercado y asegurando la sostenibilidad de la tasa de ganancia. Nace de esta manera, el Estado del bienestar.
Beveridge (1941) sistematiza las ideas centrales del Estado keynesiano del bienestar en el “Libro Blanco” declarando la beligerancia contra el paro y la implementación de una decidida política de prestaciones sociales. Con Churchill en Inglaterra y Roosevelt en Estados Unidos se consolida el Estado de bienestar con cinco políticas básicas, sustentadas en el abandono de la hipótesis clásica del presupuesto equilibrado y de neutralidad del dinero:
Financiación de la seguridad social en reemplazo de los seguros privados.
Financiación de la seguridad social de carácter asistencialista.
Subvenciones a productos básicos y apoyo a la agricultura.
Mantenimiento del poder adquisitivo del salario y de ventajas laborales.
Intervención en los fallos de mercado13.
El grueso de las medidas adoptadas tiene como objetivo la complementariedad del salario en salud, alimento y recreación al trabajador y su familia como manera de asegurar la reproducción del trabajo, física y técnicamente, lo que significó un ahorro al capital (Restrepo, 1996).
En este periodo la intervención del Estado sobre la economía se hace de forma directa, proveyendo recursos y servicios. La política industrial se caracteriza por jalonar el crecimiento económico por medio de un sector líder, generalmente asociado a la producción real e intensiva en capital y mano de obra. Ante las nuevas exigencias de reducir la jornada laboral y elevar el salario real, se implementan políticas públicas de ciencia y tecnología con el fin de incrementar la productividad del trabajo. El mercado interno se constituye como el espacio económico de realización, debido al naciente estímulo a la demanda y el rompimiento natural de los lazos comerciales después de la dos guerras mundiales. Los niveles de acumulación y la tasa de rentabilidad se mantuvieron estables y seguros.
C. Forma-Estado del neoliberalismo
A principios de los años setenta se hace evidente la caída de la tasa del crecimiento económico, el aumento de la inflación y del desempleo en Estados Unidos y Europa lo que trajo consigo el aumento de las exigencias del gasto social y el consecuente déficit fiscal. En el periodo de auge de la posguerra (1961-1972) el crecimiento del PIB, excluyendo el choque por petróleo, fue de 4.86% y 3.83% en Europa y Estados Unidos, respectivamente. Mientras que en el periodo 1975 a 1982 el crecimiento del PIB correspondió al 2.66% y el 2.85%. De igual manera la tasa de desempleo aumentó de 2.59% y 4.94% en 1961-1972 a 5.41% y 7.01% entre 1975 y 1982 para Europa y Estados Unidos (Shaikh, 2004).
La interpretación de la ortodoxia económica consistía en que el Estado del bienestar creó un nivel de déficit insostenible para financiar programas de asistencia social y el consumo en detrimento del ahorro y, por ende, de la inversión y del crecimiento en el largo plazo, resultando de ello el estancamiento y el desempleo. Se había consolidado un mercado de trabajo rígido cuya distorsión era el desincentivo para conseguir trabajo creando diferencias entre la oferta y la demanda14.
Sin embargo, el anterior argumenta adolece de un defecto, debido a que los recursos gestionados por el Estado eran aportados por los propios trabajadores y en ocasiones los aportes de aquéllos subsidiaron al conjunto de la sociedad. Por lo tanto, el gasto público a favor del trabajo y de necesidades sociales no pudo ser la causa del déficit fiscal y de la crisis del Estado del bienestar (Shaikh, 2004). Entonces, surge la cuestión de fondo del estancamiento del crecimiento y de ¿porqué, si el Estado de bienestar era autosostenible, se eliminó?
El modelo fordista de acumulación empieza a presentar señales de agotamiento a mediados de los años sesenta. Los aumentos de la productividad son decrecientes15 frente a una composición técnica del capital creciente. Como consecuencia, se reduce la tasa de ganancia y los procesos de acumulación, y concomitante, la capacidad de generar empleos. (Lipietz, 1986). Ahora bien, el aumento del desempleo iba aparejado del incremento de las exigencias de la protección social, pero no así la financiación de tales políticas por el hecho mismo del aumento del desempleo que disminuyó la base gravable y reforzó el déficit fiscal, en un círculo vicioso. Pero esta situación es efecto y no causa del problema (Shaikh, 2004).
Se produjo entonces un desajuste estructural en la relación capital-trabajo. Como los salarios habían sido indexados a la productividad su crecimiento era relativamente rígido en el tiempo, mientras que la tasa de ganancia es más sensible a la caída de la productividad y se redujo significativamente. Se hizo necesario reducir los salarios y en consecuencia el Estado de bienestar perdió la fuente de su financiación. Es decir, significa la reapropiación por parte del capital de los recursos cedidos al trabajador y de los cuales se constituyó el Estado del bienestar para reestablecer la tasa de ganancia afectada en este periodo y que ponía en riesgo la acumulación y el sistema capitalista mismo, instituyéndose una simple transferencia de los ingresos del trabajo al capital (Duménil, Lévy, 2005).
Asimismo, el copamiento de la demanda en el mercado interno de cada economía capitalista, aparejado con el alto nivel de la producción, llevó a la búsqueda de nuevos mercados. De igual manera, los recursos concentrados en forma de dinero no se reinvertían ya en la misma actividad económica u otras afines a la producción real. Siendo ese excedente cada vez mayor, el sistema financiero y la actividad bursátil adquieren mayor preponderancia en la economía. El ejemplo más evidente fueron los petrodólares acumulados por los países productores de petróleo ante los altos precios del crudo en la década de los setenta que ante la necesidad de tener ganancia sobre los mismos –y de los cuales la reinversión en planta genera retornos muy bajos e incluso negativos- fueron captados por la banca internacional que a su vez prestó los dineros sin mayores garantías a países del tercer mundo, dando como resultado final la conocida crisis de la deuda.
Durante los años setenta la tasa de inflación era superior a las tasas de interés; las empresas distribuían pocos dividendos, el nivel de la bolsa corregido por la inflación se redujo a la mitad y se estancó. Es entonces comprensible el efecto sobre la riqueza acumulada en títulos, acciones o dinero. Generalmente los mayores tenedores de estos valores son las clases de mayor ingreso al interior de la sociedad, alrededor del 1% más rico. Conscientes de la disminución vertiginosa de su riqueza influyen políticamente con el fin de establecer una estrategia ideológica-política16 con el fin de reestablecer el status anterior a la crisis del 29, llamada neoliberalismo (Duménil, Lévy, 2005). Inicia a propender por la reducción sistemática de la inflación aduciendo la vieja formulación de la neutralidad del dinero bajo nuevos ropajes, y una serie de medidas con el fin de la desregularización financiera y la protección de sus inversiones. La función del Estado es ahora el agenciamiento de la moneda como validación social de la riqueza (Tobón, 1993).
El neoliberalismo como fundamento de la forma-Estado neoliberal de nuestro tiempo proclama la reforma del Estado en cuatro principios fundamentales (Ahumada, 2002). El primero es el papel positivo de la desigualdad, puesto que la desigualdad permite la acumulación de porciones considerables de la riqueza social que estimula el desarrollo de las empresas, refuerza los mercados de capital e inversión y promueve la competencia.
El segundo principio es la eliminación de la función social del Estado en oposición a políticas redistributivas por considerar que atentan contra la libertad individual. Es bien conocida la discusión dentro del liberalismo clásico de la relación inversa existente entre igualdad y libertad, entre redistribución y libre disposición de la riqueza del individuo. En defensa de la libertad se encuentran John Locke y J. S. Mill y de parte de la igualdad están los escritos de Rousseau quien consideraba que el Estado tenía la obligación de velar por el bienestar general de la población como objetivo principal. De estas dos tendencias, la primera ha resultado victoriosa, como bien lo ha expresado Nozick, la justicia distributiva es producto del libre mercado.
El tercer principio es el papel preponderante del mercado en la asignación de los recursos como única entidad, casi deificada, para tal fin; correspondiendo al Estado la función de ente regulador y no de interventor como sucedía anteriormente. Por último, es la validación del subjetivismo como criterio de verdad. La experiencia del individuo se convierte en la única forma de conocimiento, resultando de ello la soberanía absoluta del individuo ante parámetros externos. De este principio se desarrolló la teoría marginalista a finales del siglo XIX con León Walras, Stanley Jevons y Carl Menger.
El neoliberalismo como “justificación teórica de los poderosos” (Ahumada, 2002) se constituye en el desmantelamiento del Estado de bienestar con el objeto de mantener el nivel de la tasa de ganancia a costa de los ingresos de los trabajadores y de derechos adquiridos17. Es bajo esta lógica (flexibilización laboral, apertura comercial, desregularización financiera, estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal, seguridad, etc.) que se reacomodan por medio de la acción del Estado las condiciones favorables para el sostenimiento de la tasa de ganancia y de la acumulación, independiente del interés general de la sociedad.
Ahora bien, con el colapso económico y social de la Unión Soviética se extingue la amenaza sobre el sistema capitalista y se dispone una agresión política al trabajador con el fin de recuperar el poder político y económico perdido en el llamado pacto keynesiano. Francis Fukuyama proclama el fin de las ideologías como manifiesto apologético del triunfo final del sistema capitalista sobre cualquier otra manera de organizar la producción. Es una victoria pírrica que no reconoce el permanente cambio de la historia, por ello quienes se convierten en amenaza o actúan como actores sociales en resistencia se les denomina como terroristas y pierden su carácter político.
El suceso más relevante es el retorno a la plusvalía absoluta en la relación capital-trabajo como mecanismo de acumulación (Ahumada, 2002). El efecto es el aumento de la jornada laboral y la disminución del salario real. Por lo tanto, han aumentado los niveles de pobreza y concentración de la riqueza que restringen el tamaño del mercado, reforzando las actividades especulativas. Resultado de ello, la concentración y centralización del capital materializado en los procesos de fusiones corporativas y privatización de los activos estatales.
III.Conclusión
El estudio del Estado desde la perspectiva de la economía política implica concebirlo como el producto del desarrollo histórico en continua transformación y, por lo tanto, involucra estudiarlo diferente a un ente natural y estático. Es asimismo muy importante diferenciar la forma de gobierno que adquiere el Estado, o forma-Estado, del tipo-Estado. Este último concepto se refiere a los intereses que representa el Estado y de los cuales, como autoridad aparentemente por encima de la sociedad, hará prevalecer de manera más o menos evidente.
El Estado contemporáneo de finales del siglo XVIII a nuestra época corresponde al tipo-Estado burgués, es decir, una vez alcanzado el poder político por la burguesía en la revolución francesa el Estado en sus fundamentos representa los intereses de la burguesía como clase políticamente dominante y poseedora de los medios de producción. Los intereses de la burguesía como clase se resumen en el mantenimiento de la tasa de ganancia, pues sin ésta, no pondría en movimiento las fuerzas productivas en la producción cuyo objeto es obtener un rédito. Las diferentes formas Estado, analizada en la última sección del presente artículo, es la manera de cómo se conforma en lo concreto estos intereses. En el tipo Estado burgués, y común a las diversas formas de Estado, la primera función del Estado es la jurídico-represiva, indispensable para la protección de la apropiación realizada en el proceso productivo al interior de la sociedad. En esta medida entra el Estado como garante de la propiedad privada, juez imparcial de las querellas propias del capital y administrador de las fuerzas dispuestas a mantener el orden. En segundo término se encuentra la función técnico-administrativa, o económica propiamente dicha, cuya función es la de asegurar la tasa de ganancia en épocas donde ésta por diversos factores disminuya o se vea amenazada, ejecutando políticas de estímulo a la demanda, subsidios directos a ciertos sectores, obras de infraestructura o incluso la apertura de nuevos mercados aun cuando implique la confrontación bélica. No importa el medio, el fin es mantener la tasa de ganancia. Por último, la función ideológica del Estado es la interiorización de la ideología de la burguesía como clase dominante, es decir, intenta hacer permeable al conjunto de la sociedad su manera de ver el mundo e imponer una estructura de valores18 (egoísmo, racionalidad instrumental, ahorro, consumismo, costo/beneficio, maximización, etc.) y de inmacular su imagen como creador de riqueza, generador de empleo, causante del progreso y de cuyos intereses también corresponden a los intereses de la sociedad. Todo con la misión de mantener la tasa de ganancia en lo económico, lo político, lo social y lo ideológico.
Como implicaciones de la existencia de un tipo de Estado que está ocupando, en lo fundamental, de crear las condiciones necesarias para que el capital se pueda acrecentar es la parcialización en el diseño y la aplicación de las políticas públicas que no necesariamente serían a favor del interés general de la sociedad. Por ello, los conflictos sociales y políticos no sólo en nuestro país sino en el mundo globalizado de hoy responde en buena mediada a las contradicciones de los intereses del capital –representados en el Estado- frente a los intereses de los diferentes grupos o clases sociales. Un ejemplo claro son los actuales tratados de libre comercio que responden a la “necesidad de buscar mercados a la producción nacional” sin considerar profundamente su efecto sobre el empleo, la producción campesina, de la pequeña y mediana industria y sobre el medio ambiente.
Por último, gracias a la breve discusión presentada, se desmitifica dos concepciones popularizadas entre los economistas con referencia a la naturaleza del Estado. Primero, la intervención del Estado en la economía siempre ha existido en los diversos periodos; entonces, si el Estado debe intervenir o no, es una discusión vacua. La verdadera discusión es investigar la forma en que el Estado interviene y a favor de qué clase social se realiza. Segundo, aunque en apariencia se hayan dado al interior del Estado “aperturas democráticas” en lo que se refiere a la estructura del Estado, las grandes transformaciones y la naturaleza de las reformas han respondido en su naturaleza al interés del capital y de su relación con el trabajo. El Estado se encuentra bastante lejos de un “dictador benevolente” y por encima de la sociedad.
Bibliografía
ALTHUSSER, Louis. 1974. “Ideología y aparatos ideológicos del Estado (notas para una investigación)”, en La filosofía como arma de la revolución, México, Cuadernos de Pasado y Presente, num. 4, pp. 97-141.
ALVATER, Elmar, 1977. “Notas sobre algunos problemas del intervensionismo de Estado”. En, Sonntang, Heinz y Valecillos, Héctor, El Estado en el capitalismo contemporáneo, México, Siglo XXI.
AHUMADA, Consuelo, 2002. “La ideología neoliberal: una justificación teórica del predominio de los poderosos”, en Papel Político No. 14, septiembre de 2002, pp. 49-57, Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.
BIBLIOTECA DE CONSULTA MICROSOFT ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
CORREDOR, Consuelo. 1987. “Apuntes metodológicos para el estudio del Estado capitalista”, Cuadernos de Economía número 11, 1987. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
DUMÉNIL, Gerard, LÉVY, Dominique, 2005. “El imperialismo en la era neoliberal”, Traducción de Guillermo Almeira, en www.jourdan.ens.fr/levylbibioe.htm.
LENIN, Vladimir, 1917. “El Estado y la revolución” (), en Obras completas, t. 27, pp. 9-127, La Habana, editorial Política, 1963.
KEYNES, John Maynard, 1919. “Las consecuencias económicas de la paz”, Editorial critica, grupo editorial Grijalbo, 1987.
MARX, Karl, 1867. “El Capital. Crítica de la economía política”, Tomos I, 1867; II, 1885; III, 1894, Fondo de Cultura Económica, México, 1964.
----------------, 1859. “Contribución a la crítica de la economía política”, editorial Progreso, Moscú. Traducido por Marat Kuznetsov, 1989.
ENGELS, Friederich, 1884. “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” (marzo-junio de 1884), en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, t. III, pp. 217-352.
HARNECKER, Martha, 1997. “Los conceptos elementales del materialismo histórico”, ed. Siglo XXI, México, 60 edición.
IRANZO, Juan (director), 1999. “El Estado del bienestar posible”, Revista del instituto de estudios económicos, No. 1 y 2 de 1999, pp. XI-LXXI, Madrid.
LIPIETZ, Alain, 1986. “Lo nacional y lo regional, ¿cuál autonomía frente a la crisis capitalista mundial?”, Cuadernos de Economía número 11, 1987. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
MEDELLÍN, Pedro, 1986. “Estado y economía”, tesis de grado para el titulo de economista, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, Facultad de Ciencias Económicas.
NEGRI, Toni, 1967. “Jhon M. Keynes y la teoría capitalista del Estado en el 29”, en Hojas Económicas, Nos. 6 y 7, año 5, febrero de 1997, pp.9-33, Universidad Central de Colombia.
SHAIKH, Anwar, 2004. “¿Quién paga el ‘bienestar’ en el Estado de bienestar”, en Apuntes del CENES No. 38, segundo semestre de 2004, pp. 31-50, UPTC, Facultad de ciencias económicas y administrativas, escuela de economía.
O’CONNOR, James, 1981 “La crisis fiscal del Estado”, Ed. Península, Barcelona.
POULANTZAS, Nicos, 1974. “Poder político y clases sociales en el Estado capitalista”, México, Siglo XXI 8 edición.
RESTREPO, Darío, 1996. “Políticas sociales de la nueva era”. Globalización y Estado nación, Escuela de Administración Pública –ESAP-, Bogotá, Colombia.
RODRÍGUEZ, José Eduardo, 2003. “Los límites del Estado de Bienestar”. En Marx Vive, sujetos políticos y alternativas en el nuevo capitalismo. Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá. Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.
SMITH, Adam, 1776. “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones”, ed. Oikos-tau en dos tomos, Barcelona, España, 1976.
SWEEZY, Paul, 1987. “Teoría del desarrollo capitalista”, Fondo de Cultura Económica _Clásicos de economía, México.
TOBON, Gilberto, 1993. “La unidad dialéctica Estado-economía” en, Ensayos de economía, Vol. 4, No. 6, agosto de 1993, pp.49-69, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.
1 Oscar Javier Pérez Lora: Estudiante de economía de la Universidad Nacional de Colombia. Dirección electrónica: ojperezl@unal.edu.co.
2 La Nueva Economía Política dentro de la ortodoxia económica estudia aspectos más amplios del Estado y sus relaciones con la sociedad y los grupos de interés, sin embargo, su análisis es bastante limitado debido a que no logra conciliar el Estado que describen con una realidad objetiva fundamentada en los procesos de acumulación y la relación capital-trabajo, concluyendo en voluntarismo. Esta visión supone la estructura de clases como natural y permanente en el tiempo, diferente a la economía política que considera esta estructura de clases como resultado histórico y cuyos componentes son dinámicos en el tiempo, es decir, cambian de acuerdo a ciertas condiciones históricas.
3 Este fenómeno es más evidente en los países subdesarrollados donde algunos economistas han denominado de dualismo estructural. Sin embargo, en los países desarrollados se presenta el mismo fenómeno pero con una característica más urbana y en ocasiones ocultada. Por ejemplo, el huracán Katrina descubrió otro Estados Unidos habitado por la pobreza y la ausencia de políticas estatales claras.
4 Consiste en generalizar al conjunto de las demás clases sociales una serie de percepciones propias de la clase capitalista en lo referente a las cualidades del hombre burgués (razonable, calculador, eficiente, libre de prejuicio ideológico o político y generador de riqueza, empleo y progreso). Asimismo, trata de insertar valores como el egoísmo, la individualidad y un estilo de vida basado en el consumo. Inculca como “ley natural” la coincidencia entre su beneficio con el resto de la sociedad.
5Marx enumera seis causas contrarrestantes de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia: abaratamiento de los elementos del capital constante, aumento de la tasa de explotación, depresión de los salarios, sobrepoblación relativa, comercio exterior y la forma de calcular la tasa de ganancia
6 La palabra plusvalía literalmente significa “más valor” del alemán mehrwert.
7 Se refiere principalmente a las leyes e instancias reguladoras como de comercio, medio ambiente, normas contables y contratos, relaciones salariales y técnicas. El Estad puede perjudicar a una empresa o sector en particular pero su efecto redunda en beneficio del conjunto.
8 Smith hace referencia a los terratenientes debido a que “La Riqueza de las Naciones” es publicada en 1776 cuando el poder del Estado está aún en manos de aquellos y el sistema político se configuraba en el monarca pero controlado por el parlamento de mayoría burguesa.
9 Adicionalmente, implicó desde el principio salarios altos que consolidó el mercado interno norteamericano.
10 Inicialmente la filosofía racionalista concebía la búsqueda del método adecuado para que la razón lograra el conocimiento verdadero del mundo; mientras que la filosofía empirista colocaba a la experiencia como la única forma de lograr el conocimiento. Inmanuel Kant logra conciliar ambas tendencias y junto a Hegel la razón adquiere la dimensión de moralidad y órgano de conocimiento. Sin embargo, con la aparición del positivismo se limita la razón a mero instrumento con el fin de actuar sobre el mundo, pierde su cualidad moral y certera. Es finalmente esta última concepción que caracteriza la llamada “razón instrumental” burguesa.
11 La mano invisible hace referencia al proceso económico por leyes de carácter natural que si se dejan actuar libremente llevan a la sociedad al mejor estadio posible de bienestar. Esta concepción es producto de la gran fascinación que ejerce la física newtoniana en el estudio de la sociedad y que por tanto la concibe como una máquina en armonía.
12 Podríamos decir que es una “Ley de Say artificial” donde el sector público, incluyendo la industria militar, garantizara que toda oferta encontrará su propia demanda; así sea necesario abrir un hueco y volver a taparlo.
13 En los años cincuenta Paul Samuelson construye la fundamentación microeconómica del gasto público con el estudio de los bienes públicos, bienes preferentes y externalidades con el fin de viabilizar esta nueva función.
14 También se arguye el efecto de la crisis petrolera de 1973, pero es equivocado explicar una situación estructural con eventos de carácter coyuntural. Si bien es cierto el impacto negativo que tuvo la crisis sobre el crecimiento y la inflación, esta coyuntura se constituyó como un detonante del problema estructural que tarde o temprano se hubiera manifestado. Actualmente el precio del barril de petróleo está por encima de los US$ 70 y no se presenta una recesión considerable como se esperaría si se atañe a esta hipótesis.
15 Se refiere a la tasa de crecimiento de la productividad, puesto que la productividad en términos absolutos ha alcanzado mantiene un nivel muy alto.
16 Políticamente, el periodo neoliberal inicia con Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en Estados Unidos a principios de la década de los setenta. Este modelo se haría posteriormente extensible a la gran mayoría de los países en pocas décadas.
17 Paul Krugman testimonia este hecho en un artículo titulado “Perdiendo a mi país”, publicado en El Espectador de la semana del 12 al 18 de junio de 2005: «Las familias trabajadoras no han visto progreso durante los últimos 30 años. Ajustado por inflación, el ingreso medio de una familia media se duplicó entre el 1947 y 1973. Pero creció apenas un 22% de 1973 a 2003, mucha de esa ganancia fue el resultado de la entrada de las esposas a las fuerza laboral pagada o de trabajar más horas, mas no de un incremento de los salarios.
Entre tanto, la seguridad económica es un asunto del pasado: las fluctuaciones año a año del ingreso de las familias trabajadoras son de lejos de lo que era una generación atrás. Todo lo que toma es un poco de mala suerte en el empleo o la salud para que una familia que parece sólida en la clase media, se desplome a la pobreza.
Pero a los ricos les ha ido muy bien. Desde 1973, el ingreso promedio de 1% de los estadounidenses en el tope de la escala se ha duplicado, y el 0.1% en la cima se ha triplicado»
18 La invasión de Irak, además del interés económico, presupone el establecimiento de sistemas políticos y legales acordes a la visión occidental (libre empresa, elecciones democráticas, libertades individuales y de género, urbanización, consumo, etc.)

No hay comentarios:
Publicar un comentario