domingo, 27 de julio de 2008

OSCAR JAVIER PEREZ LORA

del CENTRO DE ESTUDIOS MARXISTAS (CEM)

Kra. 26 No. 24-50 sur

Teléfono: 4076800

ojperezl@unal.edu.co

leodedruidas@yahoo.com

Palabras Claves:

  • Pensamiento económico

  • Marxismo


B100 – escuelas del pensamiento y de la metodología económica: General

B110 – historia del pensamiento económico con 1925: General

B140 – historia del pensamiento económico con 1925: Socialista; Marxista



Resumen:


El artículo discute tres argumentos comunes que pretenden mostrar al marxismo como una teoría caduca y olvidada y se muestra, por el contrario, que carecen del sustento suficiente. El primer argumento responde al carácter de un ataque ideológico. El segundo argumento evidencia una falta de comprensión del objeto de estudio y método de las obras de Marx, entendiéndolo como el conocimiento de la sociedad capitalista, su desarrollo y las formas de reproducción de sus condiciones de existencia en su dinámica social. Finalmente, el tercer argumento se centra en la cuestión de la transformación de valores a precios cuya crítica fundamental la realizó Böhm-Bawerk, la cual está seriamente limitada por la visión subjetivista del marginalismo y del valor como relación individuo-cosa en una realidad a-histórica, a-social y estática (metafísica), frente al marxismo que busca la explicación de una realidad social dinámica y cuyo elemento constitutivo es el trabajo (dialéctica).





LAS CRITICAS A LA TEORIA ECONOMICA DE KARL MARX



El presente artículo hace parte de un trabajo más amplio sobre la teoría económica de Marx, que por razones de espacio, no fue posible reproducir en su totalidad. Se pretende, en esta parte, indagar sobre las principales críticas que ha recibido el marxismo desde la aparición del Libro I de El Capital, concluyendo que no son lo suficientemente sólidas. El error más frecuente de las críticas es el desconocimiento que se tiene del trabajo de Marx, pues muchas de las veces se realiza la lectura de El Capital de manera aislada, sin comprender el verdadero método con que trabajó.


Se arguye comúnmente que el marxismo, y más específicamente la teoría económica marxista plasmada en El Capital de Karl Marx, es una teoría caduca de pequeños grupos inconformes ideológicamente; interesante como pieza de museo para quien desee en el ocio cultivar el intelecto pero que en términos prácticos y de problemas actuales carece de interés.


Es preciso aclarar que se entenderá como economía tradicional, principalmente, a aquella compuesta por los clásicos ingleses, la teoría neoclásica y keynesiana. Se considera pertinente agruparlas en un mismo conjunto puesto que, sin tener a menos sus diferencias, comparten un mismo método y concepción del mundo que contrasta con la visión marxista, pero tal cuestión no es tratada en este artículo.


Existen, en principio, tres argumentos para sostener la tesis de un marxismo caduco y olvidado. El primero se refiere a la caída del socialismo real en Europa Oriental; el segundo argumento se refiere a la lectura del marxismo como una obra de su época sin mayor trascendencia a la realidad actual, y por último, se explora la supuesta contradicción en la transformación de valores a precios.


I.EL ARGUMENTO DE LA CAÍDA DEL COMUNISMO SOVIÉTICO


El primer argumento se fundamenta en la caída del comunismo en la Unión Soviética cuyo significado es el triunfo del liberalismo como doctrina política y económica que se preocupa principalmente de la limitación del poder coactivo de todos los gobiernos, sean democráticos o no [Hayek]. Con la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 se ha terminado la «utopía» entendida como «plan, proyecto, doctrina o sistema halagüeño pero irrealizable» [Moro 1516] y el pensamiento de Marx, por ende, queda sin lugar en el mundo. Francis Fukuyama al respecto expresa:


No voy a disculpar a Marx [...] porque creo que es el responsable de la absoluta estatización de la economía y la cultura [...]. En el libro de Von Miller Todos los Estados del Mundo, publicado en 1936 en los Estados Unidos, se da una lista de las diez propuestas de transformación económica que Marx y Engels pregonan en su Manifiesto Comunista de 1848. Estas diez primeras medidas que cualquier régimen comunista debía asumir, coinciden con ocho propuestas de Hitler de su programa nacionalsocialista de 1923, como la nacionalización de la banca y del suelo, la organización de ejércitos, de trabajadores, etc.

Se aprecia una lógica de la supresión de la sociedad civil en este tipo de régimen, que no se da en naciones en donde el poder, aun siendo autoritario, permite una cierta independencia a la sociedad civil, sin la cual no sería posible el desarrollo económico. [Fukuyama 1991, 32].


Francis Fukuyama, un analista político norteamericano, convertido poco después en consejero del Departamento de Estado, publica en 1989 un artículo titulado “¿El fin de la historia?” en la revista The National Interest. Para Fukuyama, en la década de los ochenta se origina una serie de acontecimientos que causan un hecho fundamental en la historia mundial: una inquebrantable victoria del liberalismo económico y político, patente «en el agotamiento de alternativas sistemáticas viables al liberalismo occidental». No es «simplemente el final de la guerra fría o el ocaso de un determinado periodo de la historia de la posguerra, sino el final de la historia en sí; es decir, el último paso de la evolución ideológica de la humanidad y de la universalización de la democracia liberal occidental, como forma final de gobierno humano».


El concepto de “el final de la historia” es tomado de Hegel para el cual «el estado homogéneo universal –Hegel identifica el Estado liberal como sistema universal– todas las anteriores contradicciones quedan resueltas, y todas las necesidades humanas satisfechas. No hay luchas ni conflicto respecto a grandes temas» [Fukuyama 1991]; y plantea la pregunta de si «¿existen contradicciones fundamentales en la vida humana que no pueden resolverse en el contexto del liberalismo moderno y que podría resolverse mediante una estructura política-económica alternativa?».


Continúa planteando que «el problema de las clases se ha resuelto con éxito en Occidente», que «el igualitarismo de la América moderna constituye el logro esencial de la sociedad sin clases ideada por Karl Marx», y si persiste la desigualdad económica no hay que buscar sus causas en la estructura social y legal que son «fundamentalmente igualitaria», sino «en las características culturales y sociales que la constituye y que, a su vez, es el legado histórico de las condiciones premodernas».


En este contexto la teoría de Marx no tiene relevancia y está condenada al fracaso desde su concepción. En un segundo artículo de 1990, “A reply to my critics”, escribe que «el fracaso del comunismo nos obliga a preguntarnos si toda la experiencia marxista no ha sido un rodeo inútil de 150 años y si no debemos examinar de nuevo las afirmaciones de Hegel, puesto que éstas habían podido ser el motivo de pensar que los Estados democráticos liberales del siglo XIX, surgidos de las revoluciones americana y francesa, señalaban el fin de la historia».


Sin embargo, toda la argumentación anteriormente expuesta adolece, primero que todo, un desconocimiento total de la teoría marxista, fundando la crítica en un ataque ideológico. La esencia del argumento de Fukuyama se edifica sobre premisas falsas. El primer error en la argumentación, al igual que en algunos otros reconocidos críticos del marxismo, es establecer al comunismo soviético en particular como el comunismo, lo que constituye una falacia de accidente inverso. A continuación, arranca de la premisa de identificar al comunismo soviético como fundido con el marxismo, sin ni siquiera indagar si el pensamiento de Marx era congruente con la realidad vivida en la antigua Unión Soviética. Significa darle mucho poder a una teoría al suponer que gobernó la vida de un tercio de la población mundial de la época. La relación entre el marxismo respecto a la génesis y establecimiento del Estado Soviético obedece a que las condiciones históricas concretas de la Rusia zarista forjaron la adopción de la filosofía marxista como herramienta de la revolución, mas nunca sucedió que el marxismo como idea creara las condiciones históricas concretas.


Una segunda premisa falsa nace de identificar al comunismo como “sistema del terror” comparable al nazismo en un 80% (ocho de diez propuestas son las misma a las del nazismo). Existe una sociedad civil cohibida por el todo poderoso Estado Soviético y el individuo es un mero engranaje en la maquinaria productiva sin libertad de elegir; el comunismo es sinónimo de atraso económico y humano. Como se observa, son calificativos, y como tales, son nociones de carácter ideológico. La Unión Soviética, lejos de haber sido un Estado perfecto y sin pretensiones de defenderlo, obtuvo logros muy importantes en el crecimiento y desarrollo económico comparado a la nación agraria y aún feudal de principios del siglo XX. Así mismo, se dieron aportes muy importantes de la época comunista en el campo de la ciencia, la medicina y las artes que hoy la humanidad disfruta.


El particular silogismo se construye tomando como primera premisa: el comunismo soviético es igual a marxismo. La segunda premisa: el comunismo soviético es amenaza y atraso económico y humano. Por lo tanto, el marxismo es amenaza y atraso económico y humano. Por ende, si el muro de Berlín ha caído y la unión Soviética se ha disuelto, entonces el marxismo sufre el mismo destino.


Ahora bien, la discusión de Fukuyama se fundamenta en la célebre frase de Hegel, «lo que es racional es real, lo que es real es racional» [Hegel 1821]. Así, una realidad por la propiedad de existir es racional y en consecuencia viable y legítima, a lo que Engels responde:


En el transcurso del desarrollo, lo que antes era real se torna en irreal, pierde su necesidad, su derecho a existir, su racionalidad; y lo real agonizante deja el puesto a una nueva y pujante realidad; pacíficamente, si lo viejo es lo bastante comprensivo para resignarse a morir sin lucha; violentamente, si se rebela ante esta necesidad. De este modo, la tesis de Hegel, vista a la luz de la dialéctica hegeliana, se vuelve del revés: cuanto en el campo de la historia humana es real se torna con el tiempo irracional y ya está, por tanto, destinado a serlo, lleva en sí desde el primer momento el estigma de la irracionalidad; y, a su vez, cuanto en las cabezas de los hombres es racional tiene el destino de llegar a ser real, por muy en contradicción que de momento se halle con la apariencia de realidad existente. La tesis de racionalidad de todo lo real se trueca, así, conforme a las reglas del método discursivo hegeliano en esta otra: cuanto existe es digno de perecer [Engels 1886, 540]. (Las cursivas son mías).


Hegel es defensor del Estado Prusiano (liberal), lo considera la culminación del avance dialéctico de la idea absoluta, y por tanto, el concepto del “fin de la historia” le pertenece. El problema es creer que el desarrollo dialéctico tiene un límite específico, y casualmente en su propia época.




II.EL ARGUMENTO DE LA PROTESTA MORAL


Se considera, por otra parte, que las condiciones socioeconómicas concretas de la Inglaterra de mediados del siglo XIX en que Marx escribe su obra son muy diferentes a las condiciones actuales. La miseria extendida era el común denominador en aquella época; por el contrario, en la sociedad actual ese tipo de miseria cada vez está siendo reducida gracias a la riqueza lograda por el capitalismo que va distribuyendo a través de las diferentes clases sociales. Si el capitalismo por sus propias fuerzas es capaz de ser eficiente y equitativo, entonces el pensamiento de Marx frente a una utopía socialista se descontextualiza. Así, Carlos Valverde indica:

Esta sociedad ya no es la que conoció Marx. Quedan aún muchas y graves injusticias, pero la marcha de la historia y sus exigencias ineludibles –provocadas a veces, ciertamente, por el aguijón comunista- han obligado a los teóricos y a los ejecutores de las economías nacionales y multinacionales –me refiero siempre al mundo europeo occidental, que parece ser la flecha de la evolución humana- a ser más justos y respetuosos con las clases obreras. Los Estados se han decidido intervenir para establecer una más justa distribución de las riquezas en orden al bien común. Todo hace creer que la sociedad continuará por este camino y recorrerá las largas que aún le restan para que podamos decir que vivimos en una sociedad justa.

Por eso, cada vez tiene menos sentido hablar de “revolución social”, de “lucha de clases”, de “ateísmo militante”, de “materialismo histórico o dialéctico”, de “dictadura del proletario”, “de abolición de la propiedad privada” etc., etc. Todas esas expresiones marxistas empiezan a sonar a nuestras espaldas, aunque, mientras marchamos adelante, hemos recogido el contenido válido que en algunas de ellas se encerraba.

En sumo, que comprender el marxismo significa conocerle como un fenómeno característico del siglo XIX y de los no menos atormentados principios del siglo XX, que, junto a irreparables prejuicios, ha aportado valiosos elementos de mejora social y humana, pero que ya ha cumplido su misión. Y si aún queda algo del marxismo es en los países del Tercer Mundo, precisamente porque todavía están en unas circunstancias económicas y sociales parecidas a la Europa del siglo pasado, el marxismo aún prende y significa para muchos una esperanza. Sin embargo, el hecho de que naciones que van a la cabeza de la evolución humana se hayan realizado y se estén realizando fuera del proyecto marxista, es suficientemente elocuente para ellos. Valverde 1974, 265-266.


Así mismo, Joan Robinson considera que «Marx formó sus ideas rodeado de la amarga pobreza de los años 1840». Situación ya superada por el capitalismo y que objeta la teoría de Marx, pues «el hecho de que hayan aumentado los salarios reales requiere una modificación muy importante de la teoría de Marx. Ha resultado que no existe una miseria creciente que impulse a los obreros a la rebelión . El aumento de la productividad ha sido suficiente para permitir la acumulación y también un aumento del nivel de vida de los trabajadores» Robinson 1975, 13-24.


Lo primero que debe decirse sobre estas razones para desconocer al marxismo es el absoluto desconocimiento del objeto de El Capital y del correspondiente método en el que se cimentó. Como lo reconoce Joan Robinson, «he limitado mi argumentación al análisis económico de Marx en sentido estricto, y no intenté tratar en absoluto el amplio tema de la historia y de la sociología, que constituye la parte más importante de la doctrina de Marx. Este enfoque es quizás antinatural, y es cierto que no puede comprenderse apropiadamente ningún aspecto particular de las argumentaciones de Marx sin captar el todo» [Robinson 1973, 11]. Y realmente es “antinatural” puesto que el marxismo es una teoría orgánica y si –afortunada o desafortunadamente– no se comprende su totalidad no es posible juzgar sus partes. El estudio que realiza la señora Robinson corresponde a una visión fragmentada debida a la separación artificial que ha sufrido la ciencia del hombre, cuando en realidad el todo es una realidad orgánica e interrelacionada con sus partes.


Es necesario, por ello, hacer la distinción entre lo que significa un “modo de producción” y el estudio de una “formación social”. El concepto de “modo de producción” se refiere al modo de apropiación social concreta sobre los medios de producción. El modo de producción capitalista, en particular, hace referencia a que los medios de producción son apropiados completamente por una clase (burguesía), lo que da surgimiento a una nueva clase desposeída de los mismos viéndose obligada a vender su fuerza de trabajo (proletariado). Así, el concepto de modo de producción capitalista se refiere a la sociedad capitalista en su conjunto e involucra el estudio de su génesis, desarrollo y derrumbe. El concepto de “formación social”, por el contrario, se refiere a una realidad concreta con características particulares de una región o país cuyo modo de producción sea el capitalista.


Por lo anterior, «El Capital –cuyo único objeto es precisamente la sociedad capitalista- implica un análisis materialista de esta sociedad y de sus supraestructuras», es decir, su estudio es el capitalismo como objeto abstracto. No es el estudio de una formación social, históricamente determinada, como por ejemplo, la Inglaterra de “los años 1840” o “del atormentado siglo XIX” como suele argumentarse respecto al marxismo. En las palabras de Marx acerca del modo de producción capitalista y de la situación concreta en Inglaterra, aclara: «En esta obra estudio el modo de producción capitalista, y las relaciones de producción e intercambio que le corresponden. Como Inglaterra es el lugar clásico de esta producción, saco los hechos y los ejemplos que sirven de ilustración para el desarrollo de mis tesis» K, I, XIV. (Las cursivas son mías).


Un segundo problema de las argumentaciones presentadas por la señora Robinson y Carlos Valverde consiste en que sus críticas son fruto de mediados del siglo XX, donde parecía que la pobreza se estaba eliminando sin socavar la lógica de acumulación del capital. Era el tiempo de la economía keynesiana y de cuya inspiración nació el Estado del Bienestar. En particular, Lenin responde que se refiere a un fenómeno de la metrópoli. Los altos salarios se han mantenido gracias a los grandes beneficios obtenidos en la explotación del trabajo más barato de las colonias logrando ceder así frente a los trabajadores europeos con el fin de evitar su oposición al colonialismo1.


La sociedad del siglo XXI, no obstante, ha visto la crisis del Estado del Bienestar y su desmantelamiento gradual pues su existencia socava las bases de la acumulación del capital. Un Estado de Bienestar supone recursos que deben ser logrados por vías impositivas o de empresas estatales; significa la responsabilidad sobre la salud y la educación referente a cada ciudadano en tanto que ciudadano. A partir de los años setenta el mundo capitalista ha venido enfrentando una desaceleración continuada en el crecimiento económico que no tiene una explicación certera por parte de la economía tradicional2. El capital, en su afán por mantener la tasa de ganancia que considere apropiada, no puede mantener costosos impuestos ni salarios altos. Se ve en la necesidad de desmontar la seguridad social y realizar reformas laborales con el fin de sobrevivir.


Lo que Joan Robinson señala como el aumento de los salarios reales corresponde a una situación en la que el capital le es posible obtener un margen de ganancia alto y ceder frente a las exigencias de los trabajadores. Marx distingue claramente lo que significa una tendencia; él habla de la tendencia general a la caída en la tasa de ganancia, y como tendencia puede ser contrarrestada durante ciertos periodos de tiempo por otras tendencias contrapuestas, como lo anotado por Lenin. Pero, al final, la tendencia dominante es la caída en la tasa de ganancia, como se testimonia en el presente [Shaik 1990]. Por otro lado, es preciso recordar que los derechos obtenidos por los trabajadores, reiterados por la señora Robinson, no han sido un favor del capital; todo lo contrario, se han logrado a través de la organización y la lucha, sufriendo encarcelamientos, asesinatos selectivos y persecuciones desde el siglo XIX3 hasta nuestros días. Es una situación discrepante con la armonía de la mano invisible de Adam Smith.


En el mundo actual, la tasa de ganancia está en declive y las contradicciones de las que hablaba Marx no son pasadas de moda, son tan actuales y vivas que las vemos día a día. La brecha entre ricos y pobres se acrecienta; las ventas de artículos de lujo, vivienda y automóviles aumenta, mientras la demanda por alimentos y medicamentes se contrae. Las guerras no son tan irracionales como parecen, el mundo vive una escalada de violencia que no es el resultado de grupos minúsculos y aislados de terroristas locos sino de causas sociales profundas.


La esencia de la discusión consiste en establecer si el capitalismo logra por sus propios medios irrigar la riqueza social creada al conjunto de la sociedad. El economista norteamericano Kuznetz (1955) pretendió demostrar mediante el estudio de series estadísticas el progreso de la distribución equitativa del ingreso en el transcurso del tiempo; pero recientes estudios indican lo contrario. Se pone de manifiesto que la pauperización creciente de la mayoría de la población en medio de la abundancia es evidente, aún en países representativos del capitalismo y que “parecen ser la flecha de la evolución humana” como Europa o Estados Unidos4.


En resumen, si la crítica al marxismo se basa en la aparente eliminación de las contradicciones sociales propias del capital, la realidad nos muestra otra cosa; somos testigos del incremento de dichas contradicciones que el capitalismo no ha sido capaz de solucionar. El marxismo no corresponde a un periodo concreto, su objeto es el estudio del capitalismo en su movimiento de desenvolvimiento histórico.




  1. EL ARGUMENTO DE LA TRANSFORMACION DE VALORES A PRECIOS


Luego de la publicación del Libro II de El Capital por Engels en 1885, dos años después de la muerte de Marx, se inicia el conocido debate respecto al problema de la transformación de valores a precios. En el prólogo, Engels recuerda dos problemas con los que Ricardo se topó. El primero es que no logra explicar cómo el intercambio de valores iguales implicaba la existencia de una plusvalía, cuestión ya resuelta por Marx en el Libro I de El Capital. El segundo problema era la aparente contradicción entre la ley del valor y la obtención de ganancias iguales por capitales iguales independientemente de la cantidad de trabajo que emplearan, cuya solución está contenida en el Libro III y próximo a ser publicado. Lanza entonces su célebre desafío a los economistas de la época tendiente a demostrar «cómo, no sólo sin infringir la ley del valor, sino, por el contrario, sobre la base de la misma, puede y debe formarse una tasa media igual de la ganancia» [K, IV, 23]. El desafío contó con un gran número de respuestas en los nueve años que separaron la publicación del Libro II en 1885 y el Libro III en 1894, tal como lo atestigua uno de los más importantes y serios críticos de Marx: «Considero que uno de los más espléndidos homenajes que se podría testimoniar a Marx como pensador está en el hecho de que ese desafío haya sido recogido tan ampliamente, y por circuitos mucho más extensos que aquellos a los que había sido dirigido originalmente» [Böhm-Bawerk 1896].


A partir de ese momento surge una gran cantidad de trabajos referentes al tema que seguirán hasta nuestros días tanto a favor como en contra. Dentro de esta variedad de trabajos hay dos por resaltar, puesto que representan, uno, la crítica esencial, y el otro, la réplica, que determinan en buena medida los trabajos posteriores al tema. La crítica se refiere a Böhm-Bawerk y la réplica a Hilferding, analizadas a continuación.


En 1896 Eugen Böhm-Bawerk publica Zum Abschluss des Marxschen Systems (La conclusión del sistema de Marx), constituyéndose en la crítica oficial de la economía tradicional al trabajo realizado en El Capital [Sweezy 1949]. Böhm-Bawerk, junto a Carl Menger y Fredrich Weiser es uno de los fundadores de la escuela marginalista austriaca; gozaba ya de prestigio mundial y era considerado como «el mascarón de proa de la nueva teoría subjetiva del valor» y al que Schumpeter bautizó como el «Marx burgués». Su crítica ha servido como modelo a las críticas subsecuentes.


Para Böhm-Bawerk existe una «pura y simple contradicción» entre los resultados del Libro III de El Capital con los del Libro I. En el Libro I se afirma que los productos se intercambian en proporción al trabajo que contienen, mientras que en el Libro III se sostiene que hay una igualación de las tasas de ganancia, en cuyo caso es imposible que los productos se intercambien en proporción al trabajo incorporado. No hay reconciliación posible, según él, entre la teoría de la tasa media de ganancia y de los precios de producción y la teoría del valor. La desviación entre valores y precios de producción constituye la contradicción insalvable [Gill 2002].


Así como la crítica de Böhm-Bawerk se considera la respuesta oficial de la economía tradicional, la respuesta por parte de Rudolf Hilferding puede ser considerada como la contrarréplica oficial del marxismo. En 1904, ocho años posterior al trabajo de Böhm-Bawerk, es publicada Böhm-Bawerk´s Marx Kritik (La Crítica de Böhm-Bawerk a Marx) en el primer número de una revista titulada Marx Stuen (Estudios sobre Marx) fundada en Viena por un grupo de jóvenes socialistas.


El objetivo de Hilferding es clarificar el concepto de valor en Marx y del método que se deriva de ella para la comprensión de la sociedad mercantil. Considera que existen dos maneras diametralmente opuestas de considerar el valor. La primer acepción de la teoría del valor se refiere al valor de uso, es decir, las propiedades naturales del objeto que actúan sobre el sujeto; toma como punto de partida la relación entre el individuo y la cosa, la utilidad subjetiva. La segunda acepción hace notar al valor como cambio que parte de las relaciones sociales creadas entre los hombres.


Böhm-Bawerk confunde el valor de uso con el valor de cambio; juzga a partir de las evaluaciones subjetivas del valor, ello le impide entender una medida social objetiva que es perseguida en la obra de Marx.


Cualquier teoría del valor que parta del valor de uso, o sea de las cualidades naturales de la cosa, sea de su figura finita de cosa útil, sea de su función de satisfacción de necesidades, parte de la relación individual entre una cosa y un hombre, antes que de las relaciones sociales recíprocas de los hombres. Cae pues en el error de querer deducir de esta relación subjetiva, individual, que puede ser el punto de partida de valoraciones subjetivas, una medida objetiva, social. Pero en ese caso, ya que esta relación individual está presente de igual modo en todos los tipos de sociedades y no encierra en sí principio alguno de variación –porque el desarrollo de las necesidades y de las posibilidades de satisfacerlas está a su vez condicionado-. Deberá renunciar a descubrir las leyes del movimiento y las tendencias del desarrollo de la sociedad. Su método es a-histórico y a-social. Sus categorías son eternas y naturales [Hilferding 1949, 138].


Efectivamente, el trabajo individual privado, fracción del trabajo social, no es inmediatamente trabajo social. Necesita ser validado por medio de mercancías y de su intercambio en el mercado [Hilferding 1949]. Böhm-Bawerk confunde valor y precio y los mezcla en una sola categoría, considera que la teoría del valor de Marx fue concebida para utilizar el tiempo de trabajo como determinante del precio lo que constituye una creencia errónea5. Surge así la aparente contradicción insalvable para la visión subjetivista que parte y se limita por las mercancías individuales. Los economistas tradicionales tienen la referencia errónea de que Marx pretendía explicar la formación de los precios cuando su propósito ha sido otro muy diferente. No pretende explicar el funcionamiento mecánico del capitalismo como una máquina sino como una realidad en constante transformación.


La aparente contradicción es resuelta cuando no se consideran las mercancías y los capitales de manera aislada, sino en la relación social que los vincula. Los fenómenos de la sociedad capitalista sólo se les puede comprender si se les considera de acuerdo a su naturaleza social.


Más allá del contrapunteo de argumentaciones, la crítica sobre el problema de la transformación de valores a precios es producto de un deficiente entendimiento del pensamiento de Marx. La descalificación por parte de la economía tradicional pone en evidencia la profunda y radical diferencia entre dos métodos. Por una parte, el materialismo dialéctico e histórico busca identificar las leyes del movimiento y del cambio que actúan sobre las sociedades, frente al método metafísico basado en el estudio de las cosas en tanto que cosas, hechos de observación vulgar (inmediata y superficial) y del comportamiento subjetivo del individuo. Surge, entonces, la necesidad de explorar la validez de estos dos métodos y determinar cuál de ellos es el adecuado para brindar los instrumentos con el fin de obtener el conocimiento científico de la realidad económica.


Hasta el momento, sin embargo, solamente hemos desvirtuado las críticas a Marx, aún falta mostrar que el marxismo es una teoría capaz de comprender la sociedad actual y ofrecer soluciones alternativas. Pero antes de poder determinar si la teoría marxista es merecedora de atención, es necesario aclarar el concepto de ciencia y de lo que se espera de ella, cuestión pendiente a causa de espacio.






































BIBLIOGRAFIA






Bell, Daniel. 1991. ¿Ideología sin futuro? ¿Futuro sin ideologías?, Ed. Complutense.


Böhm-Bawerk. 1974 La conclusión del sistema de Marx, en Economía burguesa y economía socialista Cuadernos pasado y presente, No. 49. Siglo XXI Argentina Editores.


Elster, Jon. 1992 Una introducción a Karl Marx, Ed. Siglo XXI Mexico.


Engels, Federico. 1886 Ludwig Feurebach y el fin de la filosofía clásica alemana,(Colección “Obras fundamentales de Marx y Engels” Vol. 18 “Obras filosóficas”) Mexico 1986.


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Gill, Louis 2002. Fundamentos y límites del capitalismo, Ed. Trotta.


Harnecker, Martha. 1972. El capital conceptos fundamentales, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.


Hayek, Friederich. 1944. Camino de servidumbre, Ed. Alianza, Madrid 1990.


Hegel, Georg Friedrich. 1812. Ciencia de la Lógica, Ed. Solar, Buenos Aires.


Hegel, Georg Friedrich. 1821. Fundamentos de la filosofía del Derecho, Ed. Libertario/prodhufi Madrid, 1993.


Hilferding, Rudolf. 1974. La crítica de Böhm-Bawerk a Marx, en Economía burguesa y economía socialista. Cuadernos pasado y presente, No. 49. Siglo XXI Argentina Editores.


Kuznets, Simon. 1955. “Economic Growth and Income Inequality” en American Economic Review, Vol. 45:1, marza, pp. 1-28.


Marx, Karl. 1867-1894. El Capital 3 tomos, Fondo de Cultura Económica, México, 2da. Edición


Moro, Thomas. 1516. Utopía, Ed. Tor , Buenos Aires 1920.


Robinson, Joan. 1956. Ensayos sobre economía marxista, Ed. Huella Buenos Aires.


Robinson, Joan. 1975. Marshall, Keynes y Marx. Fondo de Cultura Económica. México.


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Sweezy, Paul. 1949. Introducción. en Economía burguesa y economía socialista. Cuadernos pasado y presente, No. 49. Siglo XXI Argentina Editores.






















1 Lenin se refiere a los trabajadores europeos como “esclavos de palacio” en analogía con los sirvientes de los palacios de reyes y emperadores quienes se apropian de la riqueza y, para guardar las apariencias, quieren mantener la lealtad y pulcritud de aquellos que le sirven.

2 Adicional al problema de la desaceleración, el mundo capitalista enfrenta periodos de alta inflación que amenazan los rendimientos sobre el capital acumulado en dinero.

3 Los ejemplos son muchos, pero como suceso sonado en la historia, está el primero de Mayo de 1886, donde el Estado Americano organizó un complot para culpar sindicalistas de supuestos actos terroristas y asesinatos de agentes del orden. Recientemente, se ha demostrado que las personas condenadas eran inocentes gracias a la desclasificación de documentos probatorios al hecho.

4 Paul Krugman testimonia este hecho en un artículo titulado “Perdiendo a mi país”, publicado recientemente en El Espectador de la semana del 12 al 18 de junio de 2005: «Las familias trabajadoras no han visto progreso durante los últimos 30 años. Ajustado por inflación, el ingreso medio de una familia media se duplicó entre el 1947 y 1973. Pero creció apenas un 22% de 1973 a 2003, mucha de esa ganancia fue el resultado de la entrada de las esposas a las fuerza laboral pagada o de trabajar más horas, mas no de un incremento de los salarios.

Entre tanto, la seguridad económica es un asunto del pasado: las fluctuaciones año a año del ingreso de las familias trabajadoras son de lejos de lo que era una generación atrás. Todo lo que toma es un poco de mala suerte en el empleo o la salud para que una familia que parece sólida en la clase media, se desplome a la pobreza.

Pero a los ricos les ha ido muy bien. Desde 1973, el ingreso promedio de 1% de los estadounidenses en el tope de la escala se ha duplicado, y el 0.1% en la cima se ha triplicado»

5Jon Elster, representante del “marxismo analítico”, considera que «la teoría marxista de los precios es una teoría del equilibrio. Aunque Marx no pensaba por cierto que el capitalismo estuviera en equilibrio o cerca de él, la mayor parte del tiempo fue para él un desafío intelectual explicar los precios que se obtendrían en equilibrio. Como muchos de los economistas neoclásicos, Marx intentó explicar la formación de los precios mediante una teoría del valor trabajo. Las proporciones a las que se intercambia unas mercancías por otras se explica por la cantidad de trabajo incorporado en su producción» [Elster 1992, 194].

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