Mercado de trabajo y alternativas para la construcción de una economía social
Resumen: El presente artículo se centra en mostrar que dado el actual modo de producción capitalista la acción del Estado y el sector privado frente al problema del desempleo se limita a los intereses de la clase capitalista. A partir de un análisis de economía política, se realiza una crítica a la estructura y funcionamiento del mercado de trabajo, no sólo en su aspecto económico –empleo y salarios- sino también en su dimensión social y política. Se plantea una reorganización de la estructura económica y política nacional de cara al siglo XXI, con bases democráticas y amplias para la construcción de una economía que dé solución a los problemas de pobreza, conflicto social y desempleo.
Palabras clave: mercado laboral, desempleo, economía política, Estado.
Clasificación JEL: H11, J21, J23
Abstract: The present article centers on showing them that a current capitalist way production, the State action and the private sector opposite to the problem of the unemployment which limits itself to the interests of the capitalist class. From an analysis of political economy, there is reconsidered the structure and functioning of the marketing of work, not only in his economic aspect - employment and wages -, also in his social and political dimension. There appears a reorganization of the economic and political national structure with a view to the XXI century, with democratic and wide bases for the construction of an economy that gives solution to the problems of poverty, social conflict and unemployment.
Key words: Labour market, unemployment, political economy, State.
«También un cojo, si se halla en el buen camino, puede superar a un corredor que se haya salido de su ruta; porque quien está fuera de la ruta, cuanto más rápido corre, más se aparta y yerra»
Francis Bacon, 1608
Introducción
El problema del desempleo es uno de los principales tópicos que ha estado en el centro del debate público, político y económico. De este depende el bienestar de la mayor parte de la población. Por ello, es fundamental establecer medidas tendientes a solucionarlo y garantizar el bienestar, tanto individual como colectivo.
El objetivo del presente artículo es reconsiderar teóricamente el mercado de trabajo sobre bases más sólidas, tendientes a subsanar el problema del desempleo. Se muestran dos tendencias bien definidas respecta al desempleo: la primera, de raíz ortodoxa, le considera un fenómeno meramente anómalo al sistema económico que por razones instituciones, imperfección de los mercados, etc. la economía no es capaz de alcanzar el pleno empleo.
Por otra parte, otras vertientes, de origen heterodoxo, consideran el desempleo como una realidad del sistema capitalista de producción. Como consecuencia, el diagnóstico y las acciones de política a las que se llegan son diametralmente opuestas a las dadas por la teoría ortodoxa que hoy domina la formación profesional y el diseño de las políticas públicas.
Como conclusión general, se afirma que el desempleo o Ejército Industrial de Reserva, definido como la masa de personas dispuestas a ofrecer su fuerza de trabajo pero que no logran una demanda correspondiente (desempleo involuntario), es fundamental para el proceso de acumulación capitalista al servir como regulador del salario.
Ahora bien, como regulador, el Ejército Industrial de Reserva se encuentra sujeto a unas regulaciones propias llevadas a cabo, por un lado, por el mercado y por otro lado, por el Estado. El artículo intenta responder la complementariedad de estos reguladores y el correspondiente papel llevado a cabo por cada uno de ellos. Esto se basa en el hecho de que el desempleo tiene un nivel “ideal” para la acumulación, pues el salario constituye una realidad dual al ser un costo representado en el salario1 a la vez que una ganancia como generador de valor.
Un importante aspecto, es que aun cuando en la economía política el problema del Ejército Industrial y del Estado ha sido ampliamente discutido, poco se ha hecho referente a relacionarlos entre sí y su consecuente complementariedad a lo largo de la historia del capitalismo.
En la primera sección se lleva a cabo una crítica al actual paradigma teórico por medio de la comparación del paradigma alternativo de las llamadas escuelas heterodoxas. A partir del análisis marxista, se desarrolla el marco teórico basado en que más allá de un problema técnico, la economía implica relaciones sociales e históricas.
En la cuarta sección, se contextualizan los cambios económicos y políticos iniciados en la década del setenta y el neoliberalismo. Finalmente, se propone la construcción de un nuevo Estado con bases democráticas participativas, junto con una nueva racionalidad económica en función de suplir las necesidades sociales, en lugar de establecer la acumulación como fin de la producción.
I. Antecedentes
Un paradigma, o programa de investigación,2 lo define Thomas Kuhn (1962) como el conjunto de problemas, métodos y soluciones que comparte un cierto número de científicos. A diferencia de la visión de Karl Popper (1934), la evolución de la ciencia no se presenta como un proceso uniforme, progresivo y acumulativo. Por el contrario, la ciencia sufre rupturas a causa de “revoluciones científicas” que traen consigo profundos cambios cualitativos en la manera de concebir los problemas y los métodos de investigación. El desarrollo científico es entonces, discontinuo y por saltos.
No obstante, no significa un reemplazo instantáneo de un paradigma por otro, pues en una misma ciencia pueden coexistir paradigmas diversos. Esto sucede porque estos paradigmas implican creencias metafísicas diferentes –heterogéneas visiones del mundo– y ello hace la comparación más difícil que la simple confrontación de predicciones contradictorias. Kuhn (1962) denomina a este hecho como de inconmensurabilidad, significando que los paradigmas pueden ser contrastados pero, de acuerdo a sus concepciones y método para abordar del mundo. Los diferentes paradigmas implican un conjunto de teorías, escuelas y modelos diferentes.
Siguiendo al profesor canadiense Marc Lavoie (1992), se pueden distinguir dos programas de investigación en economía: el neoclásico y el post-clásico. A nivel epistemológico, se evidencia una lógica interna del paradigma neoclásico, que se puede analizar en comparación con el paradigma post-clásico. Existen cuatro puntos cruciales de comparación: epistemológico, ontológico, de racionalidad e Intercambio vs. Producción. Los dos primeros son de naturaleza metodológica y los otros dos, de naturaleza técnica (Lavoie, 1992).
El paradigma neoclásico parte de una serie de pre-supuestos, muy generales, respecto al comportamiento de los individuos y la sociedad a modo de creencias metafísicas. A partir de éstas, se construye todo el andamiaje teórico cuyo corazón es el modelo walrasiano. Este corazón es apoyado por los supuestos estándar que se encuentran en los libros de texto como los retornos decrecientes, sustitución, optimización, maximización de la utilidad, entre otros. Se genera asimismo un gran número de modelos con diferentes enfoques al aplicar diferentes escenarios.
En lo que respecta al paradigma post-clásico, se compone de un conjunto de teorías que actualmente se han denominado como heterodoxas, entre ellas, el marxismo, el keynesianismo, el postkeynesianismo, los estructuralistas, los institucionalistas, los neoricardianos, la escuela de la regulación y la economía radical (Lavoie, 1992). Si bien existen claras diferencias en ciertos tópicos como en la teoría del valor y la relevancia del análisis en el largo plazo, comparten las mismas creencias metafísicas que constituyen los elementos fundamentales del corazón de las diferentes teorías heterodoxas.
A primera vista esta categorización de la teoría económica parece ser arbitraria, no obstante, en lo que sigue de la presente sección, se discute a profundidad los cuatro puntos de comparación epistemológicos mencionados en relación a la cosmovisión general de cómo los economistas entienden el mundo, o creencias metafísicas sobre las cuales se constituyen estos dos paradigmas.
A. Problema epistemológico: Instrumentalismo vs. Realismo en las hipótesis
El instrumentalismo de Milton Friedman (1953) defiende el uso que hace la teoría neoclásica de supuestos o hipótesis irreales, mientras las conclusiones que se desprendan de los mismos aporten predicciones sobre el mundo (falseabilidad de las hipótesis). Se incorporan hipótesis más ajustadas, en la medida en que se aproxima a la realidad, pero sin poner nunca a prueba las hipótesis centrales. Kaldor (1966) afirma que no es posible mantener esta dinámica puesto que implica más supuestos irrealistas que darán como resultado conclusiones ad hoc.
El instrumentalismo es influencia del positivismo, la epistemología de Popper (1934) y la filosofía de Immanuel Kant (1781). Este último, postuló la imposibilidad de un conocimiento certero de la realidad. Para Kant, la realidad es independiente y autónoma a la mente humana. Existe la cosa en sí que constituye el objeto real o noúmeno y la cosa para mí como el conocimiento humano del objeto por medio de los sentidos y manifestada por medio de las categorías a priori de espacio y tiempo. Es decir, el mundo se nos presenta como una colección de fenómenos. Nunca será posible el conocimiento de la cosa en sí.
Por el contrario, el realismo en las hipótesis es compartido por las teorías que hemos denominadas en el paradigma post-clásico. El principal interés de las teorías heterodoxas se centra en explicar la realidad económica, más allá de predicciones contrastables. Las hipótesis son entonces realistas y cuya formulación intenta develar la esencia de la realidad económica para construir de esta manera una correcta interpretación del proceso económico. Por ejemplo, hipótesis tales como el desempleo involuntario, coeficientes fijos de producción o costos marginales crecientes.
Siguiendo a Francis Bacon (1608), “el fin de las ciencia no es descubrir argumentos sino artes; no es descubrir consecuencias que derivan de los principios previamente supuestos, sino los principios mismos” (cursivas propias).
Asimismo, el filósofo alemán Friedrich Hegel en Ciencia de la Lógica (1816) critica a la filosofía kantiana de la cual considera que la negación de alcanzar el conocimiento de la esencia de las cosas se deriva de la incapacidad para abordar la realidad tal como es, con las contradicciones que le son inherentes y que determinan su evolución. Si la ciencia solamente alcanza la superficie de las cosas o los fenómenos como los capta Kant, y Friedman en la economía, se debe a que están basados en la lógica tradicional que niega la existencia de contradicciones.
El mundo, para Hegel, en su esencia, es una realidad contradictoria, “una unidad de opuestos; la cuestión del ser es la de su devenir, nada existe en un sentido estático”. Es entonces la dialéctica, el método idóneo para lograr un verdadero conocimiento de la realidad. Esta nueva visión optimista del conocimiento influirá poderosamente el pensamiento de Karl Marx, y con él, en mayor o menor medida, las diferentes teorías heterodoxas.
B. Problema ontológico: Individualismo vs. Organicismo
El individualismo metodológico constituye en la teoría neoclásica el punto de partida del análisis económico. Sus preferencias son sagradas y determinan el andamiaje económico, eliminando así la autonomía ontológica de la persona, las instituciones, las firmas y el Estado. De allí se explica el poco interés en cuestiones macroeconómicas genéricas (ver el bosque y no sólo los árboles) y sociales como la formación de clases sociales, el empleo, el mercado laboral y la distribución del ingreso.3
Por el contrario, en las teorías heterodoxas la distribución del ingreso es fundamental en la actividad económica, como también el conflicto social, basado en los intereses de clase. Cobra entonces relevancia la existencia de las instituciones, las clases socioeconómicas –capitalistas, trabajadores, comerciantes, rentistas, etc- y las normas sociales. La elección individual no es descartada completamente, pero está siempre circunscrita al contexto social y la interdependencia con otros individuos. Es, por tanto, una visión holística de la economía y de la sociedad, percibida como un organismo complejo cuyas partes se encuentran interrelacionadas.
C. Naturaleza de la racionalidad: Substantiva vs. Procedimental
La racionalidad substantiva, adoptada por la economía tradicional, es un tipo particular de racionalidad que consiste en suponer que los individuos tienen extraordinarias capacidades computacionales en el manejo de la información. Son capaces de elegir decisiones óptimas y predecir eventos futuros con total eficacia. Pueden darse ciertos límites por realismo como información imperfecta o incertidumbre; pero, en tales casos, pueden hacer uso de distribuciones de probabilidad evaluando todas las posibles alternativas o formando expectativas al integrar toda la información disponible. A pesar de ello, el principio de Racionalidad Substantiva se mantiene.
Por otra parte, el paradigma post-clásico considera la racionalidad como procedimental; es decir, limitada capacidad de adquirir información, deficiente computación de la misma y conclusiones que pueden no ser las mejores. Esta racionalidad es aplicada a individuos y firmas; por ello, tiene un efecto real sobre la economía en su conjunto.
Como consecuencia de esta diferencia, se contrasta para el paradigma neoclásico que el determinante en el proceso económico son las decisiones autónomas de los individuos, frente a la relevancia que tienen las estructuras sociales (instituciones, clases sociales, normas culturales o diferencias en la distribución) para el paradigma post-clásico como fundamento del proceso económico.
D. Cambio-escasez vs. Producción
Este es el punto más importante de divergencia entre ambos paradigmas. A partir de este punto se establecen las bases conceptuales para comprender el mercado de trabajo y la consecuente naturaleza del desempleo.
La escasez se constituye en la noción central del paradigma neoclásico, ésta significa la existencia limitada de recursos en comparación a deseos infinitos. De tal manera, el problema económico se restringe a la asignación óptima de tales recursos limitados. En este sentido, la producción queda supeditada al proceso de intercambio; en otras palabras, la producción es abordada como un problema de intercambio y sustitución de los factores productivos, y al igual que cualquier otro intercambio, se fija el precio de los mismos por medio de la oferta y la demanda.
Por el contrario, las diferentes teorías del paradigma post-clásico consideran la naturaleza de la producción completamente diferente a cualquier otro intercambio realizado en la economía. Marx habla efectivamente de un intercambio cuando el trabajador ofrece su fuerza de trabajo, no obstante, es un intercambio peculiar donde el valor resultante de la utilización de la fuerza de trabajo por el capitalista en el proceso de producción es mayor que el valor consumido de la misma. Para Keynes, el salario más que un precio, es el soporte de la demanda efectiva y la garantía de la estabilidad social. En general, la producción requiere un tratamiento especial de análisis.
En consecuencia el problema económico central es la producción y la reproducción. Un punto común de partida es la premisa que tanto el capital como el trabajo no son utilizados plenamente, siendo el concepto de escasez puesto a un lado. Es decir, existe abundancia económica referente a su demanda, ¿o, de qué otra forma puede ser entendida las crisis de sobreproducción y el desempleo?
Es así como el concepto de riqueza –entendida como la abundancia de bienes y servicios disponibles- viene a determinar la manera en que se aborda el problema económico y el desempleo. Existen dos versiones de riqueza: riqueza como fondo y riqueza como flujo (Pasinetti, 1975).
Riqueza como fondo (preclásica): se concibe la riqueza como una dotación, patrimonio o stock. Históricamente, los mercantilistas consideraban la riqueza mundial como fija y los metales preciosos como la expresión de la misma, de ahí la importancia de acumularlos a través del comercio ventajoso, donde el beneficio de uno estaba condicionado al perjuicio del otro. Es importante notar que el mercantilismo es anterior a la revolución industrial y que, en efecto, la producción crecía a una razón muy pequeña, por lo que se entiende esta visión de la riqueza como stock.
Riqueza como flujo (clásica): a partir de la revolución industrial y el pleno desarrollo del capitalismo, la riqueza es originada en un proceso continuo de reproducción. El primer exponente de esta visión es Quesnay (1758), quien por medio de la Tableau economique muestra la producción como proceso circular que se renueva y se acrecienta. En esta línea continúa el pensamiento de Adam Smith (1776) para quien la productividad del trabajo, basada en la división del trabajo, es causa de la riqueza de las naciones. David Ricardo (1824) enfatiza el problema de la distribución del ingreso entre ganancia, salario y renta. Finalmente, Marx enmarca la producción de bienes materiales dentro relaciones sociales y momentos históricos determinados.
A partir de la revolución marginalista se retorna a la tradición preclásica del esquema basado en la riqueza como dotación de recursos. Por tanto, se traslada el análisis económico de la actividad productiva al estudio del comportamiento racional del consumidor. El modelo de intercambio puro, como problema de escasez, se basa en la asignación óptima de los recursos dados por medio del mecanismo de los precios. Por ello es tan importante el supuesto de sustitución.
Los modelos neoclásicos se han modificado en algunos casos, con el fin de dar cabida al proceso de la producción y el empleo, ambos de naturaleza de flujo, pero establecidos en una teoría preconstituida sobre la asignación óptima de un fondo. Se mantiene así el fenómeno productivo en posición secundaria y subordinada. Se introducen nociones en la teoría del productor –paralelas a la teoría del consumidor- como productividad marginal, sustitución entre factores productivos, y salario y beneficio análogos a precios de mercancías comunes. En la versión de Leon Walras (1874) existen dotaciones iniciales y funciones de utilidad donde intenta aplicar un esquema teórico de asignación del stock en cada periodo productivo. Sin embargo, esto implica que todas las decisiones son realizadas en un único instante y para siempre, nunca conecta un periodo con el otro satisfactoriamente y no hay, por tanto, una teoría de la acumulación del capital.
Knut Wicksell desarrolla la teoría básica marginalista4 de la producción y la distribución donde el producto es una función que depende de tierra y trabajo. Para dar cuenta de la producción y la distribución en un modelo único, esta función debe ser convexa, continua y diferenciable, con primeras derivadas parciales positivas, decrecientes. Como se observa, las condiciones son bastante restrictivas. Gracias a la convexidad el salario es unitario, pero no se desprende lo mismo para la renta unitaria –sólo si la función es homogénea de grado uno (teorema de Euler) y sin dejar residuo- (Pasinetti, 1975). No obstante, ese no es el mayor problema. El salario y la renta pueden ser vistos como cantidades físicas de trabajo y tierra; pero al incluirse el factor capital, el beneficio está referido al valor del conjunto de bienes de capital.
Ahora bien, para determinar ese valor del capital es necesario conocer el tipo de beneficio, resultando así en un razonamiento circular. Böhm-Bawerk y el propio Wicksell han propuesto intentos de solucionar tal aporía pero sin éxito, porque como ya se ha mencionado, el problema del modelo neoclásico es desde su misma concepción.
En conclusión, la teoría de la producción y la distribución está limitada sobre la base de los factores tierra y trabajo, donde incluir el capital demanda hipótesis muy restrictivas para que el modelo no sea, por lo menos, lógicamente incoherente. El único modelo funcional es el caso de un solo bien que sirve de consumo y de capital. La falacia se realiza cuando se intenta trasladar este modelo de una mercancía a un mundo con un número inconmensurable de ellas, un verdadero “acto de fe” (Pasinetti, 1975).
Como expresara Joan Robinson (1975) refiriéndose a la controversia de los dos Cambridge sobre la teoría del capital, el problema no es acerca de la medición del capital, sino acerca del significado del capital. Asimismo, diferenciar entre el movimiento a lo largo de una función de producción y el cambio en la función de producción es simplemente arbitrario. El carácter artificial de esta diferencia queda en evidencia cuando se considera el capital como un bien producido en lugar de una dotación dada (versión neoclásica del factor productivo) (Lavoie, 1992).
E. Mercado laboral y modelo walrasiano
El paradigma neoclásico no logra responder a un análisis científico certero de la producción y por ende, el problema de la demanda de trabajo y el desempleo. Pero, también es cierto el dominio casi absoluto de la teoría neoclásica en el escenario teórico y en la política económica. Son varios los elementos que determinan esta situación (Lavoie, 1992). Baste resaltar que este dominio ha determinado la manera en que se aborda el problema del desempleo y las consecuentes medidas para su alivio.
En el modelo walrasiano –corazón del paradigma neoclásico-, para cualquier nivel de precios el salario nominal es totalmente flexible y se ajusta con el fin de mantener el equilibrio entre oferta y demanda de trabajo. Es decir, tanto la oferta de trabajo que hacen los trabajadores como la demanda del mismo por parte de las empresas, está condicionado a un problema de precio (salario). El desempleo se explica como “anomalías” al buen funcionamiento del mercado de trabajo, son imperfecciones exógenas. En general, tales imperfecciones se relacionan con rigidez en el salario, como la acción de sindicatos, el salario mínimo, la indexación, o problemas friccionales o de información.
Se desprende de manera lógica del anterior diagnóstico, una serie de medidas tendientes a flexibilizar el mercado laboral por medio de salarios, condiciones laborales, extensión de la jornada laboral. En la práctica, la adopción de tales políticas han traído como consecuencia una pauperización del trabajador a favor de la acumulación de capital y no han sido efectivas en a generación de empleo ni mejoramiento del ya existente.
Ahora bien, en lo que sigue se intenta establecer la naturaleza y las relaciones sociales internas que implican el fenómeno del desempleo.
II. Marco Teórico
En el presente apartado se establece la naturaleza del proceso de producción capitalista y la necesidad de contar con una población flotante de trabajo excedente que sirva de regulador al nivel de salarios y, en consecuencia, garantizar la acumulación. En segundo lugar, se analiza el papel que juega el Estado dentro del proceso de la reproducción del trabajo y su función de regularización de la economía y por ello, su limitación en resolver el problema del desempleo.
A. Economía capitalista y ejército industrial de reserva
Contrario a la visión walrasiana, el desempleo deja de ser una anomalía para convertirse en un elemento innato al modo de producción capitalista. El mercado de trabajo tiene una serie de características que lo hace diferente en su naturaleza al análisis de cualquier otro mercado.
La producción de mercancías, definida como la producción para el mercado, ha estado presente en la historia humana y su existencia no corresponde únicamente al capitalismo. Sin embargo, dentro del capitalismo adquiere nuevas y distintas características. La diferencia específica del capitalismo consiste en que la producción se realiza por medio de la compra y venta de la fuerza de trabajo y cuyo resultado es la separación entre el productor directo, los materiales y capital necesarios para la producción –existe una separación o alienación5 entre el productor directo de su producto o trabajo-. El capitalista, como agente que comanda el proceso de producción, se destaca por revolucionar permanentemente el proceso de producción, innovando y desarrollando por medio de la competencia nuevas técnicas y una plétora inconmensurable de nuevas mercancías.
En la producción simple de mercancías el productor vende su producto con el fin de adquirir otras mercancías con un valor de uso determinado para la satisfacción de sus necesidades. Las mercancías constituyen en sí la racionalidad del proceso de producción e intercambio. Bajo el capitalismo, por el contrario, con un capital inicial en forma de dinero, su poseedor compra materiales, maquinaria y fuerza de trabajo y, posterior a la producción, las vende en el mercado dando como resultado una suma determinada de dinero cuya cantidad es mayor a la inicial. El dinero es entonces el principio, el fin y el motivo para la producción. Este incremento entre el capital inicial y el final constituye lo que Marx llamó plusvalía, ρ.6
Frente al mercado de trabajo debe decirse que no existe realmente como tal. Las curvas de oferta y demanda no tienen un comportamiento como el esperado en otros mercados, debido a que el salario real no es un precio. El salario, más allá de una escasez o abundancia relativa de la fuerza de trabajo como tal, implica relaciones sociales surgidas del modo en que la sociedad produce y administra la producción en determinado momento histórico.
Por tanto, antes que abordar el problema del “mercado” de trabajo es necesario indagar la relación trabajador-capitalista y el factor determinante es la posesión de los medios de producción. Los capitalistas, la clase propietaria, poseen el derecho de explotación sobre los medios de producción y poseen el capital requerido para ello. Por otra parte, la clase trabajadora carece de medios de producción –con esto, los medios para la supervivencia- y como consecuencia de ello, el trabajador se ve en la necesidad de vender su fuerza de trabajo a quienes poseen las herramientas, los materiales y la maquinaria necesaria en el proceso productivo.
La visión clásica del marxismo parece para algunos economistas modernos bastante anticuada como caracterización del mercado de trabajo. En parte es cierto, pues Marx escribió su obra en el siglo XIX, dominado por la industria pesada, la dirección inmediata del proceso productivo por parte de los propietarios, una mano de obra homogénea y condiciones de extrema miseria. Los cambios más significativos se producen gracias a la proliferación del sector servicios y financiero, desarrollo de la industria de alta tecnología, agencia del proceso productivo y especialización de la mano de obra. Sin embargo, el presente artículo se enmarca en la tradición marxista debido a que la esencia o naturaleza del proceso productivo se mantiene intacto y las consecuentes relaciones sociales. Sigue existiendo una gran masa de seres humanos que carecen de los medios de producción y son obligados a vender su fuerza de trabajo, los problemas de miseria jamás han desaparecido. El desempleo es un problema crónico, y más allá de éste, las condiciones laborales empeoran.
El primer elemento ha tener en consideración es que la acumulación de capital constituye para el capitalista la principal motivación económica, contrario al análisis ortodoxo que presume una dualidad abstinencia-consumo, donde ésta constituye un sacrificio para obtener un mayor consumo en el futuro.7 Toda la actividad económica agenciada por aquél tiene como finalidad la obtención de ganancia y con ésta acrecentar el fondo acumulado de capital.
« [Ningún individuo] se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto alcance el mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia; pero en éste, como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones» (Smith, 1776, Libro IV, II p.9).
Es decir, la producción responde al interés particular del capitalista y es ajena al interés general. En esta medida, la demanda de empleo es establecida única y exclusivamente sobre este principio. Ahora bien, podría argumentarse que el interés propio “es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones”, no obstante, esta afirmación no es un principio fiable de validez universal, todo lo contrario, es relativo a circunstancias especiales: lo que en una oportunidad genera prosperidad y fortuna al conjunto social, en otras ocasiones es el responsable de la miseria generalizada y de los conflictos sociales.
Respecto a la compra y venta de la fuerza de trabajo8, posee ciertas particularidades que la hacen diferente a cualquier otra mercancía. En primer lugar, no existe una industria de producción de fuerza de trabajo como tal y, por tanto, no hay una fuerza que equilibre la oferta y demanda de la misma ante variaciones en el precio o salario. Los economistas clásicos se basaban en la teoría de la población de Malthus la cual considera que el aumento del salario real estimula la proliferación de la clase trabajadora y con ello el aumento de la oferta de trabajadores. Sin embargo, esta teoría se encuentra en descrédito tanto lógica como empíricamente, pues contrario a lo esperado, los países de mayores ingresos tienen una tasa de natalidad inferior a los países de menores ingresos. Para la economía neoclásica la fuerza que equilibra el mercado de trabajo es la decisión por parte del individuo entre el ocio y el consumo de bienes por los cuales ofrece su trabajo en función a su curva de utilidad. Así, un aumento en la remuneración por la fuerza de trabajo incrementaría la oferta de trabajo hasta donde la relación marginal de sustitución entre consumo y ocio se iguale al salario real. Se supone que el individuo aunque no trabaje recibe alguna clase de ingreso que le permite consumir una canasta mínima y se presume, de esta manera, que existe cierta libertad de elegir. Sin embargo, el trabajador, como a la clase que pertenece, carece de medios de subsistencia propios y se ve obligado con el fin de sobrevivir a ofrecer su fuerza de trabajo a un salario real cualquiera, su curva de oferta es, por tanto, prácticamente inelástica. Aún más, si el salario es lo suficientemente bajo se ve en la necesidad de vender más de su fuerza de trabajo, hasta el extremo de esclavizar su propia familia para obtener lo mínimo de subsistencia, siendo un hecho innegable en los cinturones de miseria de las ciudades y el campo.
En segundo lugar, el uso de la fuerza de trabajo como mercancía genera un valor mayor al propio. El valor de la fuerza de trabajo (salario) lo constituye el conjunto de medios de subsistencia necesarios para mantener a los trabajadores y asegurar su reproducción como clase. Ahora bien, este nivel ‘necesario’ no significa per se el límite de supervivencia física, ya que entran en consideración elementos sociales y culturales de lo ‘necesario’, como por ejemplo, servicio de salud, educación, entretenimiento, vacaciones, etc.9 Asimismo, el proceso político entre trabajadores y capitalistas define tanto la jornada laboral como el salario en proporción del producto.
Lo que interesa resaltar es que este valor es inferior al valor que produce el uso de la fuerza de trabajo en la producción de las mercancías. La diferencia entre estos valores constituye la plusvalía como valor no retribuido. Surge entonces la diferencia elemental realizada por Marx entre trabajo necesario y trabajo excedente. El primero se refiere a los medios de subsistencia del trabajador, mientras que el segundo se refiere al producto creado por el trabajador que supera el valor necesario para su supervivencia y el cual es apropiado por el capitalista. Por ejemplo, si la jornada laboral es de 12 horas y tan sólo 6 horas son necesarias para la manutención del trabajador, el producto de las restantes 6 horas es apropiado por el capitalista en forma de plusvalía (Sweezy, 1987). El capitalista, de manera racional, buscará la forma de reemplazar mano de obra por capital para reducir costos y minar el poder de negociación del trabajador.
En conclusión, el salario, no puede sobrepasar el límite en el cual éste se iguala al valor incorporado en la mercancía, siendo la plusvalía nula y por ende, suprimida la acumulación. El salario real está determinado por la escasez o abundancia relativa de trabajo respecto al capital que lo emplea, la organización política de los trabajadores y los valores culturales que hacen indispensable ciertos bienes y servicios. Para nuestro fin, se supone constante los dos últimos factores para demostrar por medio del primero que el desempleo es una condición connatural del sistema de producción capitalista y que su solución definitiva es, dentro de estos límites, bastante lejana.
Ahora bien, como se ha discutido, la motivación del proceso de producción es la acumulación de capital. La condición para ello es que el valor incurrido en fuerza de trabajo, maquinaria y materias primas sea menor al valor final de la mercancía. Por tanto, el costo total (CT) debe ser menor que el ingreso total (IT).
CT < IT (1)
Definimos una economía cuyo único costo es el salario, un nivel de productividad constante por trabajador a (rendimientos constantes a escala), un producto total Q y un vector de precios dado P. por el momento, definimos W como la masa total de salarios y tenemos que
CT = W
IT = PQ
Entonces, la condición para asegurar la tasa de ganancia y la acumulación es la siguiente:
W < PQ (2)
Ahora definimos la masa total de salario W, como el salario promedio por trabajador ω, multiplicado por la cantidad de trabajadores empleados en la economía e; es decir, la participación de los salarios en el ingreso total de la economía (φ PQ), donde φ Є [0,1] es la razón del salario como fracción del ingreso.
ωe = W
ωe = φ PQ
Definimos Q como la multiplicación de la productividad por trabajador, a, por la cantidad de trabajadores empleados:
Q = ae
Entonces, tenemos que
PQ = Pae
Finalmente, obtenemos que el salario total recibido por los trabajadores, ωe, es la participación de la clase trabajadora en el ingreso total de la economía.
ωe = φ Pae (3)
Ahora bien, es necesario analizar el comportamiento de los salarios como función de la fracción de la población empleada y desempleada respecto al total de población oferente de fuerza de trabajo. Es decir, el papel que juega el Ejército Industrial de Reserva:
«El ejército industrial de reserva durante los periodos de estancamiento y de prosperidad media, gravita sobre el ejército activo de trabajo; durante los periodos de sobreproducción y paroxismo, pone freno a sus pretensiones. La población excedente relativa es, por lo tanto, el pivote sobre el cual opera la ley de la demanda y la oferta de trabajo. Ella confina el campo de acción de esta ley dentro de los límites absolutamente adecuados a la actividad explotadora y a la dominación del capital» (Marx, Capital I, p. 701).
El Ejército Industrial de Reserva (ER) se compone de trabajadores que aún ofreciendo su fuerza de trabajo y estando dispuestos en todo momento, no logran acceder a un trabajo (o desempleo involuntario para Keynes). Su magnitud es proporcional al desplazamiento de mano de obra por maquinaria o nueva tecnología tras un aumento de la composición orgánica del capital10 y una menor absorción de trabajo como la diferencia de la variación de los trabajadores que obtienen un empleo y los trabajadores que son expulsados del proceso productivo. Por el contrario, disminuye su magnitud ante aumentos inesperados en la acumulación de capital que demandan una mayor cantidad de trabajo. No depende de una suposición particular sobre la población.
Ahora definimos ε como la tasa de trabajadores empleados (e) en relación a la población oferente de fuerza de trabajo en la economía (n):
ε = 0 ≤ ε ≤ 1 (4)
Entonces, la proporción del ER (Ώ), es la siguiente,
Ώ = 1- ε
Ώ = 1 - (5)
Ahora bien, el salario se determina por la proporción de mano excedente, siendo bajo cuando el ER es alto y alto cuando el ER es bajo. Para representar esta relación se utiliza una función exponencial que describe el aumento salarial en función de la población empleada,
ω(ε) = εα (6)
Así, de (3) y (6), la participación del salario en el ingreso de la economía se define como
(7)
En la Gráfica 1 se muestra el comportamiento de la participación del salario en el ingreso como función del ER y se ilustran los casos extremos: 1) ε = 1, nivel de pleno empleo, donde el producto total de la economía le pertenece al trabajador, eliminando así, la apropiación del plusvalor y la acumulación capitalista; 2) ε = 0 (e = 0), es decir, no existe producción y el salario como la plusvalía son cero. Entonces, ¿cuál es el nivel ε que permite la mayor tasa de plusvalía?11
Gráfica 1 Relación funcional Participación Salario – ER
φ (ε0) = φ0 φ = 1
Ahora, de (3) y (6) tenemos que e = nε, y el producto total de la economía Pae se determina como Panε. Entonces, la relación del total de salarios ωe, respecto al nivel de empleo se define de la siguiente manera:
ωe = ε α Panε
ωe = ε 1+α Pan
A partir de lo anterior, se deduce el total de trabajo excedente o plusvalía como,
ρ = Pae – ωe
o, en términos del ER, tenemos que:
ρ = ε Pan – ε 1+α Pan (8)
donde εPan es el ingreso total de la economía dado un nivel ε de empleo y ε 1+αPan la masa total de salario en función del comportamiento del ejército industrial de reserva.
Siendo α, n, a, P y Q constantes, y derivando ρ respecto a ε e igualando a cero, tenemos que
despejando ε,
(9)
Gráfica 2 Participación del salario y Nivel de empleo que permite la mayor Plusvalía
φ (ε*) = φ* φ0 φ = 1 φ =
En la Gráfica 2 se representa el nivel de empleo en el cual la plusvalía es máxima. El mecanismo bajo el cual se regula es el siguiente: cuando aumenta la demanda que realizan los empleadores por mano de obra, se origina una presión al alza sobre el nivel de los salarios. Al suceder esto, la plusvalía se reduce desincentivando la inversión y la demanda de mano de obra, por lo cual los salarios se reducen. Es similar en el caso contrario, cuando el salario disminuye aumenta la demanda de fuerza de trabajo que permite una mayor acumulación de capital hasta que este aumento de la demanda eleve el salario nuevamente. Así, se muestra que los desempleados, como masa de trabajadores cesantes, sirven de “pivote sobre el cual opera la ley de la oferta y demanda de trabajo”.
B. Estado y administración del desempleo
Antes de realizar cualquier análisis del impacto del Estado en el mercado de trabajo, es importante comprender su naturaleza y papel dentro del proceso de producción y distribución de la riqueza. Existen dos visiones opuestas referentes a esta cuestión: la tradición liberal y la de economía política.
La tradición liberal sobre la que se asienta la teoría económica ortodoxa, concibe la economía como una relación hombre / naturaleza, de ahí que el enfoque conceptual sea el subjetivismo del individualismo metodológico. En consecuencia, el Estado aparece por fuera del individuo y de la formación de sus preferencias. Es considerado solamente en el terreno de la aplicación y no es tomado como principio en la formulación teórica. En consecuencia, la finalidad del Estado se presenta como la reconciliación de los diversos intereses individuales preexistentes. Supone de manera errónea que las relaciones sociales y de propiedad son inmutables, naturales y justas.
No obstante, en la historia de la humanidad han surgido diversas estructuras de clase que han ido desapareciendo y cambiando de manera permanente. En particular, la sociedad moderna ha sido el resultado de un largo proceso histórico iniciado por las primeras ciudades comerciales en el siglo XIII, dando nacimiento a las instituciones modernas como el mercado y la libertad individual.
Por otra parte, la economía política es la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción bajo condiciones históricamente determinadas (Sweezy, 1987). Es decir, diferente a interesarse en qué se produce, se enfoca en responder cómo se produce y distribuye la sociedad, es decir, en su organización no sólo económica sino también social en lo que se refiere a la división del trabajo, salario, ganancia, renta y en las consecuentes relaciones sociales.
En una economía capitalista basada en una estructura de propiedad privada sobre los medios de producción, los poseedores de éstos se ven beneficiados de este orden social, a la vez que otros sectores, carentes de los mismos, se ven perjudicados, así sea de manera relativa.12 Por tal razón, el Estado surge como un mecanismo sobre el cual la clase de los poseedores garantiza la estructura de propiedad sobre la cual se beneficia. El Estado, en el modo de producción capitalista, cumple dos funciones fundamentales: 1) resolver los problemas fruto de la anarquía en la producción y del desarrollo del sistema capitalista por medio, o bien de la intervención directa sobre la economía o bien de la regulación del mismo; 2) como garante de la propiedad privada, y su poder es utilizado en garantizar la armonía y la convivencia social de las diferentes clases (Sweezy, 1987).
Ahora bien, el Estado capitalista adquiere diversas formas de gobierno en función de la situación histórica y política en particular. La forma de gobierno más extendida en la actualidad es el régimen democrático que permite cierta libertad de asociación y acción. Sin embargo, aún ésta trae limitantes en la medida en que la estructura de la propiedad se mantiene intacta y la decisión política sigue dominada por un grupo muy reducido que representa los intereses del capital; no es una democracia total (participativa) sino solamente representativa.
«Las instituciones que son democráticas por su forma son en esencia instrumentos de los intereses de clase dominantes. Donde esto es más evidente es en el hecho de que tan pronto como la democracia muestra una disposición a negar su carácter de clase y a convertirse en instrumento de los intereses reales del pueblo, las formas democráticas mismas son sacrificadas por la burguesía y por sus representantes en el Estado» (Luxemburgo, 1912, p. 59).
“Esto es más evidente” cuando la dictadura burguesa es respuesta a la democracia amplia. Por ejemplo, las dictaduras en el cono sur y el exterminio de la Unión Patriótica que terminó en la impunidad.
Adam Smith ya había advertido el poder político que es capaz de lograr la clase burguesa de acuerdo a su situación objetiva dentro de la sociedad. Dos factores le son favorables: primero, su número reducido le permite organizarse con relativa facilidad y ponerse de acuerdo en lo fundamental respecto a sus intereses. Segundo, debido a que permanentemente se encuentra realizando planes y cálculos tiene una mayor agilidad política.
«Son personas que habitualmente emplean los mayores capitales, y que con su riqueza atraen la mayor parte de la consideración de los poderes públicos hacia sí. Como toda su vida están ocupados en hacer planes y proyectos, frecuentemente tienen mayor agudeza y talento que la mayor parte de los terratenientes» 13 (Smith, 1776, p.326).
La clase capitalista consciente de sus intereses intenta difundir el discurso de la conciliación de sus intereses con los de la sociedad en general, aún cuando en ocasiones pueden ser contrarios. Reclaman la defensa de sus intereses como la defensa de la sociedad misma. En el aspecto económico enfatiza su discurso en la ecuación “inversión = empleo, demanda, disminución de la pobreza” como justificación para crear y mantener las condiciones óptimas para la realización de la tasa de ganancia sin importar si también corresponde al beneficio de la sociedad.
«Gracias a este superior conocimiento de sus propios intereses, frecuentemente se han aprovechado de la generosidad del propietario, induciéndole a renunciar a sus propios intereses y a los generales del país; y ello debido a una convicción simple y honesta: que sus intereses (…) coinciden con el bienestar general (…) Sin embargo, como ejercitan su inteligencia habitualmente en los intereses de su rama particular de los negocios, más bien que en los generales de la sociedad, su dictamen, aun cuando se dé con la mayor buena fe –lo que no siempre ocurre- se inclina más a favor del primero de esos objetivos que del segundo» (Smith, 1776, p.326).
Llegados a este punto, es importante anotar la función que juega el Estado frente a la reproducción de la fuerza de trabajo. Como ya se había observado más arriba, el desempleo o población flotante en busca de un empleo se constituye en pieza esencial del funcionamiento del sistema al mantener los salarios bajos y permitir la acumulación, objetivo último que persiguen los poseedores de los medios de producción y el capital. En este sentido, la función del estado es controlar, regular y velar el ejército de reserva, o en otras palabras, administrar el desempleo.
Ahora bien, el objetivo no es tener el mayor desempleo posible en función de mantener los salarios al mínimo. Ello acarrearía una disminución proporcional de la producción de valor y demanda por parte de los trabajadores, afectando con ello la realización del valor de las mercancías no vendidas y frenando la acumulación. Igualmente, un alto desempleo genera problemas sociales de pobreza generalizada e indignación que podrían traer como consecuencia el levantamiento violento y crear un ambiente inseguro para la inversión, incluso arriesgar la reproducción misma del sistema.
Es decir, el ejército industrial de reserva posee un límite inferior y un límite superior para que el sistema actúe de manera óptima. El límite inferior es la cantidad mínima de desempleo en el que el salario se mantenga lo suficientemente bajo y permita la acumulación. El mecanismo bajo el cual opera este límite es el mercado y la acción de la oferta y la demanda, pues ante un desempleo menor al requerido traería un aumento de los salarios que desincentivaría la inversión y con ésta caería la demanda por trabajo, retornando de esta manera el salario a su nivel adecuado.
El límite superior fija la cantidad máxima de desempleo con objeto de mantener la demanda y el orden social. Sin embargo, el sistema capitalista tiene una falla estructural en este nivel, pues si se deja actuar libremente las leyes del mercado entraría en un ciclo vicioso que lo llevaría a una crisis estructural. Si a causa de un alto desempleo la demanda cae demasiado, la producción disminuye y con ésta el ingreso y la demanda por trabajo, aumentando de esta manera el desempleo y repitiéndose el ciclo. Sería, literalmente, una caída libre.
El Estado en este escenario es fundamental. Su intervención en la economía se hace más visible y efectiva al llevar a cabo políticas que reactiven la demanda, el empleo y la acumulación. En esta lógica, el Estado se convierte en empleador de última instancia, estimula la demanda agregada a través del aumento de la inversión pública, la política fiscal y monetaria se hace expansiva. El seguro de desempleo como toda la protección institucional al trabajador actúan como amortiguador a una baja repentina de su demanda como a los posibles problemas de “orden público” que puedan generar.
Ahora bien, el tipo de acción que realiza el Estado depende del momento histórico y social en particular. Es evidente el surgimiento del Estado keynesiano del bienestar como remedio urgente a la grave crisis económica, la baja demanda y el alto desempleo. No en vano Keynes titula su obra La teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero (1936), la cual se publicó en medio de una enorme crisis que parecía no tener fin: el desempleo en el Reino Unido había alcanzado el 11% durante la década de 1920 y casi el 20% durante la primera mitad de la década de 1930. Según Keynes, la economía ya no funcionaba según los principios clásicos que habían dominado la teoría económica durante más de un siglo, por lo que era necesario diseñar nuevas políticas. Pero asimismo, el interés nunca se centró en el trabajador como podría pensarse, todo se hizo con base en los interés del capital, aun cuando pudieran verse afectado en el corto plazo.
De igual manera, el fantasma del comunismo se materializaba tras la Revolución de Octubre y amenazaba con expandirse. Posterior a la primera guerra mundial, Keynes critica el Tratado de Versalles (1919) porque éste traería aparejados conflictos sociales que pondrían en riesgo la estabilidad política del sistema capitalista. “Si nuestro propósito deliberado es el empobrecimiento de Europa central, me atrevo a predecir que la venganza no se hará esperar. Nada podrá retrasar entonces por mucho tiempo la guerra civil final entre las fuerzas de la reacción y las desesperadas convulsiones de la revolución ante las cuales los horrores de la reciente guerra alemana palidecerán, y destruirá, cualquiera sea el vencedor, la civilización y el progreso de nuestra generación” (Keynes, 1919, p. 251). El llamado de Keynes es a consolidar la economía de Europa central como barrera a la expansión de la URRS y los movimientos obreros al interior de cada país, espantar de Europa el fantasma del comunismo.
A partir de los años setenta el proceso económico se revierte, los salarios son demasiado altos y el ejército industrial de reserva no logra plenamente su objetivo debido a la protección y beneficios con que gozan los trabajadores. El modelo económico keynesiano debido al nuevo contexto económico ya no es funcional al capital. Es entonces cuando se inicia una cruzada en contra de éste, con Margaret Thatcher, Ronald Reagan y la escuela de Chicago a la cabeza. El objetivo del neoliberalismo es restituir el ejército de reserva a su límite superior, desregularizando el mercado de trabajo, papel limitado del Estado14 y la apertura de nuevos mercados. Ahora, los trabajadores compiten entre ellos mismos a favor de la acumulación, pero a diferencia de una década antes, su ingreso es menor y el tiempo de trabajo aumenta continuamente, la entrada de los miembros de la familia al mercado laboral es cada vez más precoz.
En conclusión, el Estado desde su concepción histórica y social obedece a los intereses del capital y otorga libertades democráticas y beneficios económicos en la medida en que ello revierta en el sostenimiento de la acumulación y, asimismo, está dispuesto a eliminarlos cuando ello sea necesario. Al ser un órgano por encima de la sociedad y aún de los intereses particulares de los capitalistas, su horizonte es de largo plazo y calculado. Se muestra neutral y benevolente, pero su incidencia, por tanto, en la relación laboral está limitada por los intereses de clase que representa.
III. Contexto Histórico
Actualmente, la relación capital / trabajo se ha visto modificada por la incorporación de nuevas tecnologías a la producción, así como la expansión del sector de servicios y financiero en especial. Ahora la mano de obra debe de estar capacitada con conocimientos especializados, de acuerdo a cada rama de producción.
La desregularización del mercado de trabajo junto con la apertura de los mercados ha generado un nuevo escenario donde la efectividad del ejército industrial de reserva se basa en la competencia entre trabajadores, más que en la magnitud absoluta del desempleo como fue originalmente concebido por Marx. Sin embargo, la lógica sigue vigente para explicar y comprender la necesidad del desempleo y la imposibilidad del sistema económico de libre empresa de solucionarlo.
En Colombia, la reforma laboral de 2002 ha sido determinante en llevar a cabo las medidas que favorecen la inversión. Si bien en algunos periodos la tasa de desempleo ha disminuido, las condiciones laborales han empeorado, el subempleo y la informalidad se generalizan y el asesinato de sindicalistas no ha cesado, contrario a lo dicho por el gobierno, pues en sus estadísticas desconoce los asesinatos de sindicalistas del magisterio.
IV. Diagnóstico
Durante los años setenta se hace evidente la caída de la tasa del crecimiento económico, el aumento de la inflación y del desempleo en Estados Unidos y Europa, lo que trajo consigo el aumento de las exigencias del gasto social y el consecuente déficit fiscal. En el periodo de auge de la posguerra (1961-1972) el crecimiento del PIB, excluyendo el choque por petróleo, fue de 4.86% y 3.83% en Europa y Estados Unidos, respectivamente. Mientras que en el periodo 1975 a 1982 el crecimiento del PIB correspondió al 2.66% y el 2.85%. De igual manera la tasa de desempleo aumentó de 2.59% y 4.94% en 1961-1972 a 5.41% y 7.01% entre 1975 y 1982 para Europa y Estados Unidos (Shaikh, 2004).
La economía ortodoxia tuvo como objeto de sus ataques el Estado del bienestar como responsable del déficit al financiar programas de asistencia social y consumo en detrimento del ahorro y, por ende, de la inversión y del crecimiento en el largo plazo, originando el estancamiento y el desempleo.15
No obstante, debido a que los recursos gestionados por el Estado eran aportados por los propios trabajadores y en ocasiones los aportes de aquellos subsidiaron al conjunto de la sociedad. Por lo tanto, el gasto público a favor del trabajo y de necesidades sociales no pudo ser la causa del déficit fiscal y de la crisis del Estado del bienestar (Shaikh, 2004). Entonces, surge la cuestión de fondo del estancamiento del crecimiento y de ¿porqué, si el Estado de bienestar era auto sostenible, se eliminó?
El modelo fordista de acumulación presenta señales de agotamiento a mediados de los años sesenta. Los aumentos de la productividad son decrecientes16 frente a una composición técnica del capital creciente. Por tanto, se reduce la tasa de ganancia y la acumulación, y concomitante, el empleo. (Lipietz, 1986). Ahora bien, el aumento del desempleo iba aparejado del incremento de las exigencias de la protección social, pero no así la financiación a causa de que la población trabajadora aportante se reduce y de esta manera se refuerza el déficit fiscal en un círculo vicioso. Así, es efecto y no causa del problema (Shaikh, 2004).
Entonces, la relación capital-trabajo sufre un desajuste estructural. Como los salarios habían sido indexados a la productividad su crecimiento era relativamente rígido en el tiempo, mientras que la tasa de ganancia es más sensible a la caída de la productividad y se redujo significativamente. Se hizo necesario disminuir los salarios y en consecuencia el Estado de bienestar perdió la fuente de su financiación. Es decir, significa la simple transferencia del salario a la ganancia a fin de reestablecer la acumulación (Duménil, Lévy, 2005).
Conclusiones
El motivo y fin último de la producción en el modo de producción capitalista es la obtención de ganancia, sin importar el tipo de actividad que para ello se recurra ni los medios utilizados. Es a partir de allí que debe iniciarse todo proceso analítico tendiente a comprender la realidad económica.
Con relación al trabajo asalariado, como medio de producción, éste se constituye en un medio para la obtención de ganancia y la estructura y funcionamiento del mercado de trabajo se rige por tal principio. Así entonces, tenemos que la fuerza de trabajo demandada por el capitalista constituye una realidad dual, es a un mismo tiempo un costo (salario) y un beneficio (valor/producción). Por tal motivo, el sistema económico como un todo busca una especie de armonía que potencie el nivel de ganancia y con ella la acumulación.
Siendo esto, existe un límite inferior y un límite superior bajo el cual se brindan las mejores condiciones para la acumulación. El límite inferior es la cantidad mínima de desempleo requerida con objeto de mantener los salarios a un nivel aceptable para hacer posible la producción con objeto de ganancia. El límite superior, por el contrario, es la cantidad máxima de desempleo que el sistema puede tolerar sin incurrir en crisis de realización o sobreproducción. Estos límites imponen una lógica dual, la lógica productiva de eficiencia y la lógica del consumo.
De lo anterior, el límite inferior es regulado por el mercado y el límite superior por el Estado. Por lo tanto, en la historia del capitalismo se han dado diversos puntos de convergencia entre el Estado y el mercado respecto a este punto. Lo interesante que hay que resaltar es la corroboración histórica de lo aquí expuesto: en el periodo del laissez-faire, el mercado era el encargado de fijar el nivel de salario como resultado de la interacción de la oferta y la demanda, por lo cual los niveles de miseria fueron enormes, no obstante, no era problema para el sistema económico que vivía un periodo de auge y la demanda estaba garantizada en otros territorios.
Entrado el siglo XX las condiciones cambian, se ha logrado un copamiento de la demanda global y un gran aumento de la productividad. La demanda que aún cuando no deja de crecer, lo hace en menor proporción. En esta dirección, se hizo urgente la intervención del Estado para el aumento de los salarios, el establecimiento de un sistema de protección a los trabajadores y condiciones laborales aceptables que en última instancia buscaban aumentar el poder de compra de la mayoría de la población y, con ello, el nivel de demanda efectiva.
Finalmente, en lo referido al periodo neoliberal, la acción del Estado se reduce con objeto de que sea nuevamente el mercado el encargado de regular las relaciones salariales. Esto se da en el marco de la crisis del modelo fordista de producción de los años setenta y la financiarización, a lo que algunas autores han llamado “acumulación por desposesión” (Duménil, Lévy, 2005).
Así entonces, el Estado y el mercado antes que dos realidades antagónicas, constituyen un engranaje socio económico regido por la lógica del capital.
Recomendaciones
El desempleo es uno de los principales problemas que afectan a la sociedad, sin embargo, en el actual orden económico y social, no puede ser solucionarlo.
Sobre la base de que la producción y los medios de producción son producto del trabajo social en su conjunto, la propiedad de los mismos debe ser social. En este orden de ideas, debe trascenderse de una democracia representativa a una nueva democracia participativa, donde los planes de producción e inversión sean abordados y decididos no sólo por los trabajadores, sino en compañía de los demás sectores como campesinos, indígenas, negros, trabajadores independientes, pequeña y mediana burguesía, amas de casa y estudiantes en su competencia local, nacional e internacional.
Es necesario, por tanto, la construcción de un nuevo sistema económico y político cuya lógica de producción se oriente a la satisfacción de las necesidades de la sociedad y brindar el acceso a la riqueza de manera equitativa. Esto implicaría cambios en el Estado, pasaría de ser un regulador de la producción a ejercer la dirección racional del mismo; es decir, convertirse en una economía planificada. Consecuentemente, diversos sectores productivos estratégicos, como alimentos, transporte, energía, salud, educación pasarían del control de instituciones privadas al control social.
A primera vista puede parecer que es un retorno al Estado del Bienestar, no obstante, su carácter es radicalmente opuesto, de acuerdo al para qué y para quién se produce. Es muy diferente producir para acumular y en beneficio de unos pocos, a producir con objeto de satisfacer los requerimientos sociales, donde todo es para todos.
Una crítica válida que se hace comúnmente a este tipo de propuestas consiste en que la única manera de administrar eficientemente los recursos es por medio de la propiedad privada. No obstante, gracias a la evolución misma del capitalismo, la gerencia ha logrado importantes avances en la administración de los recursos, aun cuando se profundice la separación entre agencia y propiedad. De igual manera se aplicaría solamente a las actividades económicas que por su naturaleza son sociales o estratégicos.
Asimismo, el cambio a una democracia participativa brinda la formación de ciudadanos políticamente activos que como poseedores de estos activos sociales, sean capaces de establecer mecanismos idóneos de control sobre la producción y los fines requeridos a las mismas.
Bibliografía
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1 El salario es asimismo un beneficio al representar una parte importante de la demanda efectiva. No obstante, para los objetivos trazados, el análisis se centra al interior del proceso de producción como tal.
2 El término “paradigma” es originario de Kuhn y “programa de investigación” corresponde a Lakatos quien sostiene cierta anarquía en el avance científico. Pero a razón del objeto del artículo, pueden considerarse como sinónimos.
3 El problema de la distribución se resuelve afirmando que cada factor de producción es remunerado según la productividad marginal del mismo. Sin embargo, este resultado no explica realmente el problema de la distribución, es claramente una alusión apologética de justicia en el sistema capitalista. Por otra parte, para tener validez es necesario que la función de producción sea de grado uno más otras conjeturas, haciendo evidente que los supuestos son más de comodidad matemática y poca o nada económica.
4 Wicksell toma la idea marginalista de la renta intensiva de Ricardo donde en una cantidad de tierra dada la productividad de un trabajador adicional es decreciente.
5 En la producción simple de mercancías, el productor era a su vez el poseedor de los medios de producción como herramientas, telares o capital.
6 La palabra plusvalía literalmente significa “más valor” del alemán mehrwert.
7 El beneficio y la existencia de la tasa de interés en la economía tradicional se justifica sobre la base de considerarse una recompensa o compensación del sacrificio de no gastar los recursos en algún periodo pretérito del tiempo. Contrario a ello, la economía clásica reconoce en la acumulación una motivación propia y no existe sacrificio como tal.
8 La fuerza de trabajo –como mercancía- es el esfuerzo y la capacidad del trabajador que es usada en el proceso productivo, diferente al trabajador como tal, quien es su poseedor. Característica que separa el capitalismo y el feudalismo del esclavismo, en donde el hombre es objeto de propiedad.
9 De esta manera, el salario se encuentra también en función a determinantes extraeconómicos, lo que da pertinencia al análisis social, político e histórico del mismo.
10 Ricardo ya había advertido la desventaja de la clase trabajadora al introducir en la tercera edición de los Principios de economía política y tributación el capítulo “Sobre la maquinaria”. Ante una nueva acumulación de capital, existe un desplazamiento del trabajo superior a la reabsorción del trabajo, debido a que la maquinaria –y nueva tecnología- libera obreros sin liberar capital variable para su empleo en otras industrias. El éxito de Marx ha sido integrar el desplazamiento de la mano de obra al interior de la teoría general de la acumulación en el Ejército de Reserva.
11 Centramos el análisis en la plusvalía como fuente de la tasa de ganancia, pero se debe tener en cuenta que la tasa ganancia G, es diferente a la plusvalía ρ. Así, siendo v el capital variable (salarios) y c el capital constante:
12 El hecho de que una persona esté situada por encima de otra, establece una jerarquización social con base en la propiedad. El que se encuentra por debajo puede sentirse oprimido aún cuando en términos absolutos su posesión de bienes sea aceptable.
13 Smith hace referencia a los terratenientes debido a que “La Riqueza de las Naciones” es publicada en 1776 cuando el poder del Estado está aún en manos de aquellos y el sistema político se configuraba en el monarca pero controlado por el parlamento de mayoría burguesa.
14 A primera vista puede parecer que las funciones del Estado se reducen, pero ello no ocurre. Lo que sucede es un reordenamiento de las funciones del Estado, donde la acción directa sobre la economía cede frente al aumento de los aparatos represivos y la apertura de guerras cuyo objeto es abrir nuevos mercados y ganar competitividad en relación con otras potencias.
15 También se arguye el efecto de la crisis petrolera de 1973, pero es equivocado explicar una situación estructural con eventos de carácter coyuntural. Si bien es cierto el impacto negativo que tuvo la crisis sobre el crecimiento y la inflación, esta coyuntura se constituyó como un detonante del problema estructural que tarde o temprano se hubiera manifestado. Actualmente el precio del barril de petróleo está por encima de los US$ 80 y no se presenta una recesión considerable como se esperaría si se atañe a esta hipótesis.
16 Se refiere a la tasa de crecimiento de la productividad, puesto que la productividad en términos absolutos mantiene un alto nivel.
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