domingo, 27 de julio de 2008



CUESTIONES METODOLOGICAS RESPECTO A LA CIENCIA ECONOMICA:

UNA CRÍTICA MARXISTA



Resumen


El presente ensayo constituye un esfuerzo por dilucidar las bases metodológicas bajo las cuales se asienta la teoría económica tradicional representada, principalmente, por la corriente neoclásica, keynesiana y ciertas vertientes de las llamadas escuelas heterodoxas del pensamiento económico, en comparación al método implementado en la teoría económica marxista. Tal comparación permite demostrar la gran diferencia constituida entre la economía tradicional y el marxismo respecto al método y la filosofía implícita.


Palabras Claves: Pensamiento económico, Marxismo, Metodología.




B100 – escuelas del pensamiento y de la metodología económica: General

B110 – historia del pensamiento económico con 1925: General

B140 – historia del pensamiento económico con 1925: Socialista; Marxista




Puede pensarse en el gran número de corrientes de pensamiento económico a tal punto de parecer que la elección de una tradición en particular es producto más una cuestión de gusto que de criterio, o simplemente un acostumbramiento pasivo a los contenidos dictados por el profesor. Es menester, por tanto, indagar sobre el significado de ciencia con el fin de establecer una regla válida para juzgar la pertinencia de una teoría en el pensamiento humano. Es indispensable discutir las bases metodológicas sobre las que se fundan las distintas corrientes del pensamiento económico para construir criterios claros respecto a las diversas teorías económicas.


Sin tender a menos las diferencias y con el riesgo de caer en simplificaciones apresuradas, se vislumbran, principalmente, tres importantes e influyentes corrientes no solamente en el ámbito académico sino en el político como son la corriente neoclásica, keynesiana y marxista. La corriente neoclásica representa una visión armónica y natural del capitalismo. La corriente keynesiana representa por su parte una visión no armónica del capitalismo por lo que se hace indispensable la intervención del Estado para su funcionamiento, dependiendo de ello estará su propia salvación. Por último, la corriente marxista concibe al capitalismo como modo de producción insertado dentro del proceso histórico que por sus dinámicas propias genera contradicciones cada vez más profundas que le son inherentes hasta su superación por un nuevo sistema económico. Corrientes que más allá de unos conceptos “imparciales” han determinado en buena medida la forma de vida social de los individuos, como bien lo ha expresado Keynes, estamos influidos por algún economista muerto, independiente de que seamos conscientes de ello o no.


Cabe anotar que la sociedad anualmente invierte una cantidad considerable de recursos que bien podrían ser utilizados en fines alternativos al mantenimiento de centros universitarios e institutos de investigación. Evidentemente, tal inversión responde a una necesidad social de crear y difundir el conocimiento con el objeto de proveer un mejor bienestar social. En particular, la ciencia económica le es provechosa a la sociedad en la medida en que sea capaz de interpretar los problemas económicos y, posteriormente, dar soluciones satisfactorias y un óptimo uso a los recursos escasos.


Se presenta, en consecuencia, un doble problema para el fin social determinado a la ciencia económica: primero, obtener un conocimiento científico (verdadero) capaz de interpretar la realidad económica; segundo, establecer los medios idóneos para actuar sobre tal realidad con el fin de ajustarla a nuestras necesidades. Sin pretender entrar en discusiones profundas respecto a problemas epistemológicos, la ciencia en el pensamiento occidental laico tiene una concreta funcionalidad en la vida humana. El ideal de ciencia, que tiene sus más profundas raíces en la tradición alquímica y rescatada por Francis Bacon en el sentido moderno, se presenta como potencia y como obra activa encaminada a modificar la situación natural y humana como instrumento de progreso y fraternidad. El hombre -quien es capaz de interpretar la naturaleza, -nature minister et interpre - tiene el poder de actuar sobre ésta y ajustarla a sus necesidades, “introducir nuevas naturalezas en una misma naturaleza”. La ciencia implica el conocimiento de los principios y causas de los fenómenos para la formulación de leyes, en un lenguaje claro e intersubjetivo accesible a cualquier persona.


Una teoría, en términos simples, es un corpus de conceptos lógicamente relacionados con el fin de lograr cierto entendimiento sobre una realidad determinada. Una teoría científica posee el carácter de instrumento del conocimiento que intenta ir más allá de la serie de percepciones superficiales, deformadas y aisladas que se le presentan al ser humano. Pretende construir un conocimiento exacto y razonado de las cosas por sus principios y causas. No obstante, la teoría no nos da el conocimiento de una realidad concreta sino los medios o instrumentos intelectuales para llegar a ésta. Por ejemplo, la teoría de la gravedad no ofrece un conocimiento inmediato de la velocidad con que cae cierta piedra a determinada altura, pero sí ofrece los mecanismos para poder realizar el cálculo correspondiente.


Un principio fundamental de la ciencia moderna es suponer la existencia del mundo externo cuyas leyes son independientes de la voluntad humana. El conocimiento, por ello, se constituye como adecuatio intelectus ad rem, es decir, la adecuación del pensamiento a la realidad.


En resumen, la ciencia es primordial para el entendimiento y acción del hombre sobre su realidad de acuerdo a sus necesidades y anhelos. Una teoría se juzga por la adecuación que logre el modelo mental construido sobre la realidad -interpretación del mundo- y de su capacidad de proveer los mecanismos idóneos para permitir una acción efectiva sobre la misma. «Coincide la ciencia y la potencia humana, ya que la ignorancia de la causa impide el efecto, y a la naturaleza sólo se le puede mandar si se le obedece: lo que en la teoría desempeña el papel de causa, en la actividad práctica se convierte en regla» [Bacon 1608, 293].


Entonces, surge la cuestión de cómo acceder al conocimiento, puesto que la realidad, con frecuencia, se nos presente confusa y desbordada de múltiples y aparentes causas; es necesario, por tanto, encontrar el camino que nos asegure un recorrido seguro para el descubrimiento de la realidad, que nos permita como economistas la adecuación del pensamiento a la realidad. En esto consiste el método.


La cuestión de determinar un método correcto para acceder al conocimiento científico de la realidad es una cuestión vital, inicialmente estudiada por Descartes. Al respecto me permito citarlo: «El método es necesario para buscar la verdad. El método en su totalidad consiste en el orden y la disposición de las cosas hacia las cuales es preciso dirigir la fuerza del espíritu para descubrir alguna verdad. Lo seguiremos exactamente, si reducimos gradualmente las proposiciones complicadas y obscuras hasta las más simples, y si a continuación, partiendo de las intuiciones más simples, nos elevemos por los mismos grados al conocimiento de todas las demás» [Descartes 1637, 307].


Más allá de métodos o programas específicos es posible distinguir dos métodos generales de investigación. El primero hace referencia al método metafísico que parte de investigar las cosas en tanto cosas aisladas e independientes, y se encuentra basado en la lógica clásica aristotélica. El segundo se refiere al método dialéctico que parte de considerar al mundo como un proceso cuya dinámica radica en las contradicciones que le son inherentes, determinando su devenir o cambio, yendo más allá del fenómeno con el fin de determinar su constitución interna o esencia. Este último se basa en la lógica dialéctica desarrollada por Hegel. Me permitiré explicar tal diferencia más adelante. Por lo pronto, sostendré que la economía tradicional (neoclásica y keynesiana, principalmente) se fundamenta en el método metafísico mientras que el marxismo se cimienta, a su vez, en el método dialéctico.


Marx escribe su obra como una crítica a la Economía Política desarrollada en su época, y sobre la misma, edifica el cuerpo de conceptos plasmado en El Capital. Pero esta crítica va más allá de los resultados generales a los que llega, se trata de una crítica al método mismo.


Marx hace una clara distinción entre lo que él llamó economía vulgar y economía política. La primera parte y se agarra de las apariencias y las exposiciones dogmáticas de una sociedad capitalista idealizada. Por el contrario, la economía política investiga la conexión interna de las relaciones de producción burguesa. La clasificación de vulgar se refiere al sentido con el cual el estudio de la realidad económica parte de intuiciones creadas por los fenómenos superficiales (sentido común) más que de las relaciones internas detrás de éstos. Al no ir más allá de las apariencias refleja las percepciones propias de los agentes burgueses de la producción, su contenido no es científico sino esencialmente ideológico y apologético. El estudio de tales relaciones internas detrás de los fenómenos son para Marx las únicas que pueden dar un conocimiento científico. Se entiende por fenómeno o fenoménico (phaenoma) como “manifestación” o “representación” superficial de la realidad.


El individuo del siglo XVIII presente en la teoría económica a partir de Smith y Ricardo es un resultado histórico producto de la disolución de las formas de la sociedad feudal y de las nuevas fuerzas productivas desarrolladas a partir del siglo XVI. Sin embargo, en el pensamiento aparece como un ideal representado en el cazador o en Robinson Crouse cuya existencia autárquica se considera natural y es tomado como punto de partida de la historia.


«En esta sociedad de libre competencia cada individuo aparece como desprendido de los lazos naturales, etc., que en las épocas históricas precedentes de él una parte integrante de un conglomerado humano determinado y circunscrito. A los profetas del siglo XVIII, sobre cuyos hombros aún se apoyan totalmente Smith y Ricardo, este individuo del siglo XVIII –que es el producto, por un lado, de la desilusión de las formas de sociedad feudales, y por el otro, de las nuevas fuerzas productivas desarrolladas a partir del sigloXVI- se les aparece como un ideal cuya existencia habría pertenecido al pasado. No como un resultado histórico, sino como punto de partida de la historia»[Marx, 1857, p. 33].


El individuo, entonces, aparece como un hecho natural al desconocer los procesos históricos que permitieron el surgimiento del individuo fenoménico del que hacen constante mención como racional, egoísta e independiente. La racionalidad occidental y su egoísmo no es una propiedad del individuo en cuanto tal sino una construcción social e histórica que se imprime en el individuo a través del entorno social, institucional y cultural en que se desarrolla. El individuo hasta nuestros días es producto de la historia. El mercado, como producto de las decisiones “descentralizadas” de los individuos, es asimismo una construcción histórica de carácter social gestada desde el siglo XIII. Esta ilusión es común a cada época y cultura que interpreta su existencia como natural y su permanencia en el tiempo la considera eterna.


La Riqueza de las Naciones, obra sobre la que se yergue el fundamento de la teoría económica, establece sus bases sobre una visión mecanicista1 del mundo, producto del entusiasmo entre los filósofos del siglo XVIII por los resultados obtenidos en las ciencias naturales que, por analogía, pretenden extender al estudio de la realidad social. El mecanicismo es propio del método metafísico.


Términos utilizados como “equilibrio”, “leyes del movimiento”, “gravitación”, “fuerzas” y “objetividad científica” son tomados de la física de Newton. Smith, al igual que los economistas posteriores, pretende encontrar el orden del sistema económico en analogía con el orden del mundo físico generado a través de la interacción de los individuos que actúan como engranajes, y como resultado, sin proponérselo, llegan al bienestar general por medio de una mano invisible. El sistema económico es visto como un microcosmos en donde las fuerzas de la oferta y la demanda, guiadas por aquella mano invisible, deben conducir a la gravitación de los precios que llevará a la sociedad al orden en la mejor dirección. Partiendo de la metáfora newtoniana de la “armonía celeste” el proceso económico es así mismo socialmente deseable.


Ahora bien, lo que la economía tradicional ha hecho en más de doscientos años es copiar la física newtoniana del siglo XVIII, y lo peor de ello, es una mala copia [Mirowski 1990]. Por otra parte, la misma física de Newton ha sido revaluada en sus fundamentos teóricos como la hipótesis de continuidad del universo, la certeza mecánica causa-efecto y la descomposición de los sistemas en elementos aislados e independientes que hacían pensar al mundo natural como una perfecta y armoniosa máquina.


Por otra parte, veamos que en el siglo XIX se realizan tres importantes descubrimientos que revolucionan las concepciones filosóficas sobre el mundo y sobre los cuales también Marx tiene muy en consideración para elaborar su pensamiento. Ellos son: el descubrimiento de la célula, la segunda ley de termodinámica (la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma) y la teoría de la evolución de Darwin. Significaron estos descubrimientos un cisma en el pensamiento occidental y una ruptura con la cosmovisión mecanicista de concebir el mundo; revolución inicialmente recogida en la filosofía clásica alemana. Posteriormente, a principios del siglo XX hace su aparición la teoría de la relatividad de Albert Einstein y la mecánica cuántica, junto con la influyente teoría del caos y la matemática difusa. Hoy el mundo se nos presenta muy diferente a una máquina. Por el contrario, se presenta de manera orgánica y viva en constante evolución y cambio; una totalidad interrelacionada con sus partes2. A la luz de estos acontecimientos la economía tradicional ha quedado en estado fósil, tratando de interpretar la sociedad del siglo XXI con el pensamiento del siglo XVIII.


Sin embargo, podría argumentarse los desarrollos realizados en dinámica por parte de la economía tradicional como trayectorias, evolucionismo o corrientes del pensamiento económico que ligan a la economía con el todo social como los institucionalistas, neoinstitucionalistas, la Nueva economía Política y la New Economic History; el reconocimientos de fallas de mercado y la necesidad de la intervención del Estado o el desarrollo de la teoría de juegos que rompe con la noción de individuos aislados, etc. Sin embargo, estos avances no se han producido en coherencia a una matriz conceptual que parta de principios coherentes, por el contrario, consideran al actual modo de producción capitalista como realidad racional con principios fijos. Tales desarrollos en la economía tradicional son producto de acomodar, no de adecuar, la teoría a la realidad (ad hoc) y por ello es común que el análisis económico tradicional vaya un paso atrás de la realidad., y por tanto, establece relaciones eternas, a-históricas y a-sociales. Investigan la realidad como entidad estática, no han logrado entender que el problema es estudiar la realidad como proceso y no como ente.


Así, como ejemplo de ello, los economistas pensaban la economía como un sistema armonioso libre de contradicciones. Sucede el crack de 1929 y no hay manera de explicar este hecho. En este escenario surge Keynes quien pretende construir un modelo general de la economía, diferente al caso que llama especial de los “clásicos” para explicar, entre otras cosas, el desempleo involuntario y formular soluciones a las crisis.


Es de notar, en este punto, el carácter igualmente metafísico del pensamiento de Keynes. Concibe la existencia de múltiples equilibrios posibles independientes y que sus antecesores se limitaron a un caso especial. Lo que realmente ha sucedido es la transformación orgánica sufrida por el capitalismo a lo largo de su historia debido a las dinámicas que le son propias, superando “casos especiales” que Marx denominó fases de acumulación y las cuales se encuentran estrechamente interrelacionadas. De iniciar con mercados atomizados de pequeños productores la dinámica misma del mercado lleva a la concentración y centralización del capital generando monopolios, desempleo involuntario, desequilibrios y crisis. El capitalismo evoluciona, es un proceso. Los clásicos, siguiendo el nombre que les dio Keynes, estudiaron al capitalismo de su época y lo consideraron erróneamente como estático en sus relaciones superficiales que consideraron naturales y eternas. Los cambios propios del capitalismo tomaron por sorpresa a la economía tradicional, nadie en su momento pudo explicar qué ocurría. Keynes explica la nueva fase de acumulación económica pero comete en última instancia el mismo error, considera que sus antecesores sufren una falta de apreciación cuando en realidad el error es a causa del método metafísico que él mismo comparte. Su “revolución” consiste llanamente en actualizar la teoría económica tradicional a la nueva realidad. Se coloca él mismo la soga al cuello porque presupone una acepción de fondo al intentar generalizar una realidad circunscrita, según él, a un caso especial. Keynes posee una importante intuición sobre el proceso capitalista, desafortunadamente, no logró deshacerse de las “viejas ideas”.


A partir de la crisis de los años treinta, como manifestación externa o fenomenológica de la dinámica interna al sistema, el capitalismo deja de ser concebido como un sistema armonioso: presenta contradicciones y desequilibrios pero cuyo orden económico es el mejor en tanto que existe y es deseado. Es menester de la “nueva” teoría general permitir un correcto funcionamiento del sistema y, en caso extremo, su salvación. El mismo objeto de la teoría se mantiene con el desarrollo de la síntesis neoclásica en los años cincuenta.


Cabe anotar la visión de Marx respecto a los cambios predecibles del sistema capitalista con base a sus contradicciones internas. “Avances” realizados en la economía tradicional estaban ya previstos en el sistema marxista como la teoría de los ciclos y las crisis, el desempleo estructural, el crecimiento y el desarrollo económico y una buena cantidad de relaciones que hoy llamamos macro. La teoría de Marx del desarrollo capitalista anticipa muchas de las modernas teorías de largo plazo como la teoría del estancamiento de Keynes y Hansen, el cambio tecnológico, la teoría moderna de la Firma respecto a mercados imperfectos -poder de mercado, monopolios y oligopolios-. Así mismo, la teoría dinámica de Harrod y Domar, las teorías del crecimiento cíclico de Schumpeter, Kalecki, Kaldor y Goodwin y la teoría del desempleo estructural de la señora Robinson [Kurihara 1959, 17-18]. Al respecto, el profesor L. Klein ha descrito la teoría marxista como probablemente el origen de la macroeconomía.


Figuras reconocidas en la tradición económica ponen de relieve el importante papel de la teoría marxista con base en sus resultados. En las palabras del profesor Domar, «de todas las diferentes escuelas de economía el marxismo, creo yo, llega a desarrollar una substancial teoría del crecimiento económico» [Domar 1957, 17]. En relación al ciclo económico Schumpeter escribió respecto a Marx que «nosotros encontramos prácticamente todos los elementos que siempre entraron dentro de cualquier análisis del ciclo económico, y todo con un pequeño error […]. Fue un gran logro en el tiempo» [Schumpeter 1942, 40]. De la misma manera, Thorstein Veblen toma en consideración la teoría marxista, al igual que Douglas North quien anota que constituye la teoría más avanzada en su tiempo en la comprensión de la realidad económica, y como tal, toma elementos de la misma que son reflejados en el desarrollo del neoinstitucionalismo. Asimismo, la Nueva Economía Política explora relaciones de intereses contrapuestos en una sociedad heterogénea, aun cuando de manera dispersa, pues carece de una matriz explicativa de tales intereses y evolución histórica. Marx establece que tales heterogeneidades responden a causas determinadas por el progreso histórico de las fuerzas productivas y su correspondencia con las relaciones sociales de producción desarrolladas.

Desafortunadamente la teoría económica de Marx ha sufrido una “conspiración del silencio”, por un lado; y cuando la realidad pone de relieve sus estudios, por el otro lado, las críticas formuladas se han efectuado con un desconocimiento del objeto y del método sobre el que se fundamenta. Pero, a un mismo tiempo, la teoría marxista ha sido víctima de una fuerte dogmatización y esterilización por parte de algunas tendencias que no es objeto del presente ensayo tratar. No obstante, en el mundo occidental y el tercer mundo se han dado interesantes desarrollos3 en el terreno de la economía política, a la par de los avances y actualidad del marxismo en la filosofía, la sociología, el psicoanálisis y la historia.


Ahora bien, es conveniente, en este punto, aclarar ¿porqué una obra publicada en el siglo XIX ha logrado tan importantes avances y anticipaciones a la economía tradicional? La respuesta es sencilla, puesto que no es cuestión de iniciados sino un problema de método. Como ya se ha indicado, Marx va más allá de las apariencias para desentrañar las relaciones que le son inherentes a la sociedad capitalista. Marx estudió al capitalismo como proceso histórico y encuentra la ley del movimiento capitalista sobre la base del materialismo histórico y dialéctico, la abstracción que aplica en sus estudios no es arbitraria sino plenamente justificada. Por el contrario, la teoría económica tradicional parte del método metafísico que estudia los hechos como hechos, aislados e independientes, cree que las relaciones, observadas de manera superficial, son naturales y eternas, la abstracción es deliberada y en ocasiones caprichosa. «En cada caso los conceptos se toman del lenguaje corriente, se les extrae el contenido social y las categorías universales que resultan se aplican indistintamente a toda clase de sistemas económicos» [Sweezy 1987, 17]. Pero todo cambia, y los “avances” o “revoluciones” en la economía tradicional suceden después de que la realidad misma ha cambiado de tal manera que los conceptos antiguos son descartados, aunque en lo “nuevo” se mantenga el viejo error.


Por otra parte, los modelos más recientes en la economía tradicional son cada vez más complejos y especializados, incapaces del conocimiento de una totalidad económica. Es un conocimiento tangencial de realidades fragmentadas, se entiende el funcionamiento de uno o dos mercados, ir más allá significa encontrar dificultades. Al ser un conocimiento fenoménico y superficial supone generalmente lo que debería explicar como las supuestas dotaciones iniciales en los modelos de Equilibrio General que resuelve el equilibrio en el intercambio como mero problema de asignación, pero no explica porqué A tiene una dotación inicial de X bienes y B tiene una dotación inicial de Y bienes, ni mucho menos porqué existen en la economía X+Y bienes. Desconoce, en última instancia, los procesos de producción y distribución y se limita al hecho superficial del intercambio y el consumo (utilidad) en la economía. Supone lo que debería explicar, oculta el carácter social de la producción y legitima su apropiación privada. Se ha convertido en un conocimiento apologético y superficial pertinente a pocos especialistas contradiciendo el espíritu de una verdadera ciencia como bien lo expresó Descartes, citado anteriormente.


Ahora, con el fin de clarificar un poco mejor la diferencia entre el método metafísico empleado por la economía neoclásica y keynesiana y el método dialéctico seguido por Marx, a lo largo de la historia del pensamiento occidental se han propuesto diferentes medios para acceder al conocimiento. Uno de ellos hace referencia al racionalismo que aspira a obtener el conocimiento por medio del pensamiento a partir de la coherencia interna de razonamientos lógico deductivos que se encadenan a partir de un conjunto de enunciados básicos y establecidos a priori, llamados axiomas. Así, al quedar establecida la verdad de los axiomas, todas las conclusiones que de ellos se derivan, bajo la forma de teoremas son verdaderas. El racionalismo tiene raíces en la filosofía clásica griega y sus mayores representantes modernos son Descartes, Spinoza y Leibniz. La teoría económica tradicional parte metodológicamente de una forma contemporánea del método racionalista llamado hipotético-deductivo. Consiste en construir modelos matemáticos fundamentados en ciertos postulados básicos, o supuestos, para deducir de ellos los teoremas relativos al comportamiento de los agentes económicos, consumidores y productores.


El problema que presenta el método hipotético-deductivo se refiere a los postulados mismos con los que se construyen los modelos puesto que son nociones arbitrarias y superficiales sobre la realidad económica violando el espíritu propio del racionalismo que tomó muy en serio la fundamentación de los principios a partir de los cuales se debía llegar a un conocimiento seguro. La lógica tradicional en el mejor de los casos se limita a servir de ayuda para exponer la verdad, pero no la conquista.


«Sus silogismos y la mayor parte de sus demás instrucciones sirven más bien para explicar a los otros cosas que ya saben, o también, como en el arte de Lull, para hablar sin discernimiento de las cosas que se ignoran, en lugar de aprenderlas; y aunque esa lógica contenga realmente muchos preceptos muy verdaderos y óptimos, mezclados con éstos hay sin embargo muchos otros nocivos, superfluos, que separar resulta tan arduo como extraer una Diana o una Minerva de un bloque de Mármol apenas desbastado» [Descartes 1637, 312].


Por ejemplo, el supuesto de agentes individuales y racionales buscadores del máximo beneficio es simplemente una noción superficial e idealizada del agente burgués. Así, el agente individual es una noción fenoménica fruto de la experiencia vivida por el individuo en el modo de producción capitalista que crea la ilusión de no establecer relaciones con otros individuos sino solamente a través de operaciones en el mercado, siendo tal mercado la manifestación del modo de producción capitalista que posee una especificidad histórica determinada. Desconoce, por lo tanto, el carácter social de la producción. Corre con la misma suerte la noción de racional que constituye una simple abstracción idealizada del modo de pensar burgués que extiende a la generalidad del género humano como categoría eterna y natural.


Por consiguiente, en una economía de mercado el individuo no logra captar la conexión social del intercambio y se piensa a sí mismo aislado e independiente. El individuo como tal es producto de la historia y se encuentra en estrecha interdependencia a través de la producción social con sus semejantes. «El punto de partida está constituido naturalmente por los individuos que producen en sociedad, es decir, por una producción de individuos socialmente determinada» [Marx 1857, 39]. En consecuencia, partir del estudio del individuo como manera de extrapolar su análisis al conjunto de la sociedad (individualismo metodológico) constituye una falacia de accidente inverso4, la diferencia entre individuo y sociedad además de cuantitativa es cualitativa, es una concepción errada cuyos resultados poco se puede esperar. Violenta el espíritu mismo del método deductivo con que trabaja.


Sobre esta falacia se valida el individualismo metodológico como la vulgar pretensión de transplantar las cualidades del individuo al conjunto social. Es decir, la sociedad vista como la sumatoria de individuos. Y como bien se sabe, si se parten de premisas falsas en la mayoría de casos se llegan a premisas falsas, y cuando se logran verdaderas éstas se logran más a la casualidad y al prejuicio que a a verdad. En esta dirección, puedo partir de la premisa de que la luna es de queso, por lo tanto, es de color blanco o amarillo y está llena de agujeros. Efectivamente la conclusión es verdadera, no obstante, siendo la premisa falsa y careciendo de cualquier validez científica.


En conclusión, los resultados a los que ha llegado la economía tradicional a través del individualismo metodológico y la construcción de modelos son esencialmente triviales. Triviales en el sentido que apenas logran un conocimiento tangencial de la realidad social y económica de hechos aislados y superficiales limitados a un corto horizonte de tiempo; no permiten el conocimiento de la totalidad social y de sus interrelaciones internas.


No es la lógica –ni los sofisticados modelos- la que fija y establece las premisas, el silogismo es un «instrumento incapaz de penetrar en la profundidad de la naturaleza. Constriñe a nuestro pensamiento, pero no a la realidad […] el fin de las ciencia no es descubrir argumentos sino artes; no es descubrir consecuencias que derivan de los principios previamente supuestos, sino los principios mismos» (cursivas en el texto propias). [Bacon 1608, 292].


A esta crítica, la teoría tradicional ha respondido por medio de Milton Friedman con el argumento del instrumentalismo. Para Friedman, no importa en realidad pensar sobre la validez o coherencia de los supuestos, lo importante es evaluar las conclusiones o resultados de tales supuestos que permite, en última instancia, actuar sobre el mundo.


Su respuesta como cura resulta peor que la crítica. Su argumentación se basa en la filosofía crítica desarrollada por Inmanuel Kant, inspirada a su vez en la física newtoniana. Para Kant, el mundo exterior es objetivo y existe independientemente a la voluntad humana y la única manera de acceder al conocimiento de éste es a través de la acción combinada de la percepción y el pensamiento. Pero, para Kant y Milton Friedman, el conocimiento científico tiene un límite por el cual no es posible conocer la verdadera naturaleza de las cosas sino solamente los fenómenos, es decir, conocemos las cosas tal como se nos presentan o manifiestan en su aspecto exterior, pero nunca podremos conocer su naturaleza interna o esencia (noúmeno). La conclusión a la que se llega es que mediante la observación y el pensamiento es posible conocer la «cosa para nosotros» manifestada por medio de las categorías de espacio y tiempo, pero no a la «cosa en sí» en su naturaleza propia. Se desprende de lo anterior que el conocimiento de la «cosa para nosotros» es la máxima aspiración de conocimiento, pero suficiente para suministrar los instrumentos para actuar en el mundo material. Entonces, según Friedman, no importa si los supuestos son realistas o no, o si están en desacuerdo con el mundo, lo importante para evaluar una teoría son los medios idóneos que aquélla nos ofrece para actuar sobre la realidad económica. Han renunciado, por último, al conocimiento científico de la realidad. De la misma manera, el actuar sobre la realidad económica es superficial, se limita a mitigar los efectos pero deja intactas las causas.


Hegel, el filósofo más representativo de la filosofía clásica alemana, escribe una de sus obras más importantes, Ciencia de la Lógica, como crítica a la filosofía kantiana de la cual considera que si cree que no puede alcanzar el conocimiento de la esencia de las cosas es porque no se ha abordado la realidad tal como es, con las contradicciones que le son inherentes y que determinan su devenir y evolución: la realidad como proceso y no como mera colección de cosas aisladas5. El objeto de estudio es ahora abordado como proceso y no como hecho o cosa. Si la ciencia solamente alcanza la superficie de las cosas o los fenómenos como los capta Kant, y Friedman en la economía, se debe a que están basados en la lógica tradicional que niega la existencia de contradicciones. El mundo, para Hegel, es en su esencia una realidad contradictoria, «una unidad de opuestos; la cuestión del ser es la de su devenir, nada existe en un sentido estático». En consecuencia con lo anterior, Hegel restaura de la filosofía griega presocrática6 la dialéctica como método que «ve las cosas y sus imágenes conceptuales esencialmente en su engarce, en su concanetación, en su movimiento, en su génesis y su caducidad» [Engels 1878, 18]. Surge como contraposición al método metafísico y a la lógica formal aristotélica propia de este método. En el escenario económico una crisis económica se estudia de manera aislada y cuyas perturbaciones se deben a factores exógenos; para el marxismo una crisis económica en particular es una manifestación fenomenológica del proceso general de acumulación capitalista que para comprender es menester develar la realidad interna a la crisis en concanetación con las que le han precedido y las que están por venir.


Para la investigación metafísica las cosas y sus imágenes discursivas, los conceptos, son objetos de investigación aislados. Una cosa existe o no existe, no puede ser al mismo tiempo ella misma y otra. Lo positivo y lo negativo se excluyen de un modo absoluto; causa y efecto forman, asimismo, un rígido contraste. A primera vista, esta manera de pensar se nos antoja muy plausible, porque es la del llamado sano sentido común, pero se enfrenta con serios problemas tan pronto como intenta la investigación de la realidad, choca tarde o temprano con una barrera más allá de la cual este método se vuelve unilateral, limitado y abstracto y se pierde en insolubles contradicciones, porque, viendo las cosas como sueltas, no ve su interrelación, «ve los árboles, pero no el bosque» [Engels].


Evidentemente, la economía tradicional impartida en las aulas representa el carácter metafísico al que Hegel se refiere, es una crítica a la filosofía y a las ciencias basadas en la concepción fósil de la realidad.


Para entender mejor este punto, la lógica formal aristotélica sobre la que se basa el análisis económico tradicional se fundamente en tres principios aparentemente triviales e indiscutibles:


  1. El principio de identidad que establece que A=A, es decir, cualquier cosa es idéntica a sí misma.

  2. El principio de no contradicción que establece que una cosa no puede ser ella misma y al tiempo su contraria.

  3. El principio del tercero excluido que establece que A=B o que A≠B sin la posibilidad de un tercera alternativa o término medio. A es, o bien idéntico a B, o bien es diferente a B.


Gracias al principio de identidad logramos clasificar las cosas sin ambigüedad en diversas categorías. Un perro es un perro, una piedra es una piedra, el mercado es el mercado, las preferencias son las preferencias, los dueños del capital son los dueños del capital, el capitalismo es el capitalismo, etc. Sin embargo, a pesar de la utilidad de este principio no solamente en la ciencia sino en nuestra propia vida cotidiana, es válido únicamente si suponemos que el mundo está compuesto por cosas inmutables y sin relación entre ellas: sistema solar, reino animal, pensamiento, sociedad, propiedad, Estado, pobreza, capitalismo, etc.


Pero sabemos que todo cambia y se encuentra interrelacionado. Cuando se produce el cambio las cosas dejan de ser idénticas a sí mismas, por ello, A es diferente de A, (A≠A). De esta manera, una cosa es ella misma y otra; la identidad contiene en ella misma la diferencia, principio de la lógica dialéctica. Así, el principio de identidad resulta tener un valor menor al concebido inicialmente. A lo sumo, puede decirse que una cosa es idéntica a sí misma en un instante del tiempo y por ende su conocimiento es limitado temporalmente, particular, trivial y fenoménico. Al rebatir el principio de identidad quedan rebatidos los otros dos.


Por el contrario, la lógica dialéctica se presenta más general y profunda que la lógica formal aristotélica (metafísica) y, en consecuencia, más apta que ésta para comprender la realidad en su conjunto y complejidad.


No obstante, se han logrado importantes logros y resultados de la lógica formal y del método metafísico sobre el que se basa la economía tradicional. La intención es poner de relieve que este conocimiento es insuficiente para dar satisfacción a un conocimiento verdaderamente científico. La economía tradicional ha generado conocimientos muy importantes de ciertas particularidades, pero es asimismo incapaz de un conocimiento integral del mundo y de sus procesos de cambio que le son inherentes. Hegel reconoce los resultados obtenidos en su época en campos como la anatomía comparada y del estudio comparado de las lenguas, pues a través del examen de fenómenos de objetos diferenciados, según el principio de identidad, conduce a resultados importantes. Pero, como explica Hegel, «la necesidad científica no puede ser satisfecha de forma última» y su relevancia es «como trabajos, seguramente indispensables, preparatorios para el conocimiento que verdaderamente concibe» [Hegel 1821]. De la misma manera, Marx estudia detenidamente la economía de los clásicos, especialmente la de Ricardo, como un conocimiento importante en tanto estadio previo y necesario de conocimiento de la realidad económica.


Así, en la teoría económica tradicional se fundamenta el muy conocido principio del ceteris paribus que se refiere a una situación hipotética en la que se supone que algunas de las variables se mantienen constantes, así, los modelos simplifican la realidad con la intención de comprenderla mejor. El inconveniente es “simplificar la realidad” cuando de lo que se trata es de abordarla en su totalidad esencial. Lo malo no es suponer sino quedarse en el supuesto simplificante carente de justificación, es decir, no establecer el porqué y el para qué abstraer tales o cuales elementos y quedarse con otros, la elección por parte de la economía tradicional más que arbitraria es ideológica. Los consiguientes resultados son limitados, superficiales, referentes a hechos aislados y estáticos; valiosos hasta cierto punto como materiales para ser utilizados en un estudio más general en una perspectiva dialéctica e histórica.


El conocimiento del hombre y de la sociedad que en principio fue terreno de la filosofía ha sufrido en la época moderna una continua división en ciencias especializadas fundamentadas en el método metafísico. De esta forma, la ciencia del hombre se divide en la economía, la sociología, la historia, la antropología, la psicología,…,. La dialéctica, por su parte, pretende eliminar esta separación entre las ciencias, necesaria pero artificial, para lograr la conformación de una ciencia verdadera que ponga al desnudo la realidad.


El método metafísico se reconoce en su origen como un natural acostumbramiento del hombre a los fenómenos en su carácter superficial. Esta manera de pensar nos ha asegurado la forma de sobrevivir en un mundo que cambia, necesitamos suponerlo en primera instancia como inmutable. Por ello, es la denominación que hace Marx de la economía como «vulgar», es producto del sentido común, de nociones fenomenológicas cotidianas que no representa un conocimiento profundo de las relaciones internas de la realidad.


El método dialéctico, por tanto, logra el conocimiento científico de la realidad concreta en su permanente movimiento de transformaciones orgánicas e interdependientes que no caben en el pensamiento metafísico.


El objeto de estudio de Marx es «poner al desnudo la ley económica del movimiento de la sociedad moderna», para lo cual es necesario encontrar las relaciones internas de la realidad, su esencia.


Entramos ahora a considerar de manera concreta el método utilizado por Marx. Como se indicó anteriormente, edifica su trabajo con base a la crítica realizada a la economía política fundamentada en el método metafísico. Marx recoge de Hegel el método dialéctico, pero le da un giro trascendental al “colocarlo de pie”. Para Hegel, la idea o espíritu, en el continuo proceso dialéctico del devenir, se desarrolla a sí mismo. Hegel concibe la primacía del pensar sobre el ser, es decir, ve al espíritu como dato primario y a la materia como creación del mismo. Para Marx, por el contrario, la primacía es del ser sobre el pensar, «No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia» [Marx 1859, 4]. De esta manera, son las condiciones materiales de existencia encarnadas en la producción (infraestructura) las que determinan la formación social, política y cultural de una sociedad (superestructura). Por ello, es menester iniciar por el análisis de las condiciones económicas y preguntarse, en primera medida, las relaciones establecidas entre el hombre y la naturaleza (fuerzas productivas); análogamente, investigar las relaciones que adquieren necesaria e involuntariamente los individuos en el proceso mismo de producción (relaciones sociales de producción).


De lo anterior, Marx y Engels construyen el materialismo histórico como teoría de la evolución social que tiene como objeto mostrar cómo de un tipo de existencia social se desarrolla, en virtud del crecimiento de las fuerzas productivas otro más alto, cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo; o como del capitalismo se generan las condiciones concretas para el surgimiento de un nuevo sistema.


Ahora, el marxismo logra una ruptura profunda y fundamental con la economía política clásica, y en general, con la economía tradicional. Es erróneo afirmar que Marx es un economista clásico o un modelo derivado del de Ricardo, puesto que, aunque tomó elementos de aquéllos, la visión y manera de abordar el mundo es completamente diferente. Desafortunadamente no se ha logrado entender por parte de la economía tradicional esta diferencia, se mira una teoría dialéctica con ojos de la metafísica y, por ello, se menosprecia su valía.


Se abre ahora la cuestión de acceder consecuentemente a un conocimiento efectivo de la realidad en el pensamiento de Marx. En su obra Tesis sobre Feuerbach de 1845 aborda el problema del conocimiento entendiéndolo como un problema ante todo práctico. La cuestión de la adecuación del pensamiento a la realidad es un problema de praxis. La teoría misma está condicionada por la práctica social y las condiciones materiales particulares en que se elabora. No es simplemente la coherencia interna entre las ideas como lo pretende la economía tradicional, especialmente la neoclásica; o sobre la mera experimentación y la recolección de datos. En Marx, el conocimiento está ligado a la práctica social: «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; de lo que se trata es de transformarlo» [Marx 1846, 668].


El conocimiento, por último, tiene un avance progresivo resultado de la combinación de la actividad de reflexionar sobre el mundo y la práctica social cuyo objeto es de transformar la realidad, por ello requiere un conocimiento verdadero que le permita introducir nuevas naturalezas en una naturaleza determinada, puesto que «a la naturaleza sólo se le domina si se le obedece». La economía tradicional, por el contrario, utiliza el conocimiento que obtiene y todos sus esfuerzos en materia de política económica para mantener la tasa de ganancia -que es una expresión fenoménica de relaciones sociales- y la sostenibilidad del sistema; es decir, cambia para que nada cambie. Se entiende, en consecuencia, al instrumentalismo que se contenta con un conocimiento superficial y apenas necesario, no le interesa descubrir las cuestiones de fondo que desnudarían las contradicciones y el carácter temporal del sistema.


Cuando se habla de conocimiento científico, se habla de un conocimiento que supera el hecho individual y particular, objeto de observación. Una ley científica es necesariamente de orden general [Hegel 1812]. Marx, por lo tanto, recurre a la abstracción como medio de apropiarse de lo concreto. Pero el método de abstracción por sí mismo es incapaz de obtener el conocimiento, por ello Marx parte de las categorías más generales, simples y abstractas para constituir aproximaciones sucesivas que avanzan de lo más abstracto a lo más concreto, eliminando suposiciones simplificantes en las etapas sucesivas como manera en que el pensamiento se apropia de lo concreto, adecuando el pensamiento a la realidad. Significa una constante ida y venido de lo abstracto a lo concreto.


Al momento de utilizar este método es necesario examinar la naturaleza del problema que se investiga y cuáles son sus elementos esenciales en su constitución. Se determina de esta forma qué hacer abstracción y de qué no para llegar a los principios. La economía tradicional parte de principios arbitrarios producto de la observación superficial del individuo frente al mercado como fenómeno exterior de relaciones internas a éste.


La dialéctica se refiere a la lucha de contrarios como motor del cambio que Marx identifica en la historia como los conflictos de clase. «La historia de todas las sociedades que han existido hasta aquí es la historia de las luchas de clases» [Marx 1848]. Sin entrar en detalle al respecto, las relaciones económicas internas esenciales son aquellas que se expresan en la forma de conflictos de clase. Estos son lo elementos aislados y analizados a través de la abstracción.


Sin embargo, existen varias clases y conflictos entre ellas. Ricardo estaba muy interesado en las raíces de los conflictos de clase, o en sus propias palabras «la distribución del producto de la tierra». Para Ricardo, sin el conocimiento de «la verdadera doctrina de la renta es imposible entender los efectos del incremento de la riqueza en utilidades y salarios, o averiguar satisfactoriamente la influencia de los impuestos en las diferentes clases de la comunidad» [Ricardo 1817], siendo el principal antagonismo el surgido entre capitalistas y terratenientes, visión propia de la burguesía en ascenso que encontraba trabas en los privilegios de la aristocracia inglesa como en la bien conocida discusión respecto a la Ley de Granos. Parece ser la agricultura un punto natural de partida al estudio de la economía y de la sociedad, pues constituye la actividad primera y básica de toda sociedad. Pero, argumenta que nada podría ser más erróneo, puesto que en todas las formas de sociedad existe una producción determinada que da el rango e influencia a todas las demás.


La relación económica principal en la sociedad capitalista es la existente entre capitalistas y obreros. Todas las anteriores relaciones hay que abstraerlas del análisis hasta una etapa ulterior del mismo. También, la relación capital-trabajo debe reducirse a sus formas más importantes, entendidas como las características y tendencias estructurales de naturaleza cualitativa, y no simplemente una cuestión cuantitativa de los hechos más frecuentes.


Ahora bien, en la forma, la relación capital-trabajo es una relación de cambio. El capitalista quien posee los medios de producción compra la fuerza de trabajo del obrero, quien a su vez se ve privado de cualquier medio de producción distinto al de su trabajo. El obrero con el pago del capitalista compra lo necesario para su supervivencia7. Esta relación debe, sin embargo, ser realizada o expresada a través del cambio.


Se llega, en conclusión, al verdadero punto de partida de la Economía Política de Marx: el análisis de las mercancías8. Una vez desarrollado este punto Marx prosigue con el plan de trabajo propuesto en El Capital. El Libro I está centrado en la investigación de la relación capital-trabajo en su forma aislada y pura, manteniendo un alto nivel de abstracción.


En los Libros II y III se reduce paulatinamente la abstracción e incluye elementos aislados en un primer momento. Así, se establece una adecuación progresiva de la realidad al avanzar de lo general hacia lo concreto de las formaciones sociales.


El primer Libro se encuentra muy nutrido de ejemplos y referencias históricas concretas; para algunos es una falta de abstracción, sin embargo, los mismos están en clara referencia a la relación capital-trabajo en específico. La abstracción no significa enajenarse del mundo real, se trata simplemente de aislar ciertos aspectos esenciales y considerarlos desde una perspectiva histórica. Para la economía tradicional, la abstracción se ha convertido en un alejamiento del mundo, la teoría se construye en formas elaboradas de abstracción perdiendo el referente de lo concreto, de lo real, por ello, los resultados de los modelos chocan con la realidad y la comprensión de la misma resulta insuficiente y limitada.


Marx, a través de la dialéctica, estudia la sociedad capitalista como proceso histórico en su movimiento de creación, progreso y destrucción con base en las contradicciones en el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción que le son inherentes.


El marxismo, antes que una teoría económica, es una concepción del mundo basada en los desarrollos de la filosofía clásica alemana y los adelantos científicos de su tiempo. La realidad se presenta cambiante, total e interrelacionada, dialéctica, cuyo movimiento brota de su esencia contradictoria.


El poder del método es demostrado en los resultados obtenidos, Marx descifró el devenir del sistema capitalista en su esencia contradictoria, estableció con éxito la dirección de su evolución y obtuvo avances pioneros que la economía tradicional apenas ha soñado, pues sus “avances” y “revoluciones” van un paso atrás de la realidad.


De lo anteriormente expuesto y tratado, de pensar sobre la naturaleza de la realidad, el papel de la ciencia y el lugar del hombre como partícipe de su destino, es menester lograr el conocimiento profundo de nuestra realidad con el fin de asegurarnos un mundo mejor, para ello, se hace necesario abrir un profundo debate respecto al método utilizado por los economistas para develar la realidad. Igualmente, no hay que olvidar la búsqueda del bienestar material de la sociedad como fin último de la economía.








BIBLIOGRAFIA


Bacon, Francis. 1608. Redargutio Philosophiarum. En Reale, Giovanny. 1988. Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Editorial Herder. Barcelona, 1988. págs. 283-304


Descartes, René. 1637. Discurso del Método. En Reale, Giovanny. 1988. Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II. Editorial Herder. Barcelona, 1988. págs. 305-338.


Domar, Evsey.1957. Essays in economic growth. OUP.


Engels, Friederich; Marx, Karl. 1846. La ideología alemana. Ediciones pueblos Unidos y Cartago. Buenos Aires, 1985.


Engels, Friederich. 1878. La Subversión de la Ciencia por el señor Eugen Dühring (Anti-Dürhing). Fondo de Cultura Económica. México, 1968.


Gill, Louis. 1996. Fundamentos y límites del capitalismo, Ed. Trotta. 2002. Madrid.


Hegel, Friederich. 1812. Ciencia de la Lógica, Ed. Solar, Buenos Aires.


Hegel, Georg Friedrich. 1821. Fundamentos de la filosofía del Derecho, Ed. Libertario/prodhufi Madrid, 1993.


Horowitz, David. 1968. Marx and modern economics. MacGibbon & Kee Ltd. Estados Unidos.


Keynes, John Maynard. 1936. Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero. Ed. Planeta-Agostini. Madrid, 1994.


Klein, L.R. 1947. “Theories of Efective Demand and Empleoyment.” en The Journal of political economy. Abril, 1947.


Kurihara, K.K. 1959. The Keynesian theory of economic development.


Lenin, Vladimir. 1913. Las Tres Fuentes del Marxismo. En Obras Completas, págs. 15-19. Editorial Progreso. Moscú, 1969.


Lukacs, Georg. 1923. Geschichet und Klassenbewusstsein. Der Malik-Verlag, Berlín, 1923.


Mankiw, Gregory. 1998. Principios de economía. Editorial McGraw-Hill. Madrid.


Marx, Karl. 1857. Introducción a la crítica de la economía política y otros escritos metodológicos. en Cuadernos Pasado y Presente, No. 1. Córdoba, Argentina 1974.


Marx Karl. 1859. Contribución a la crítica de la economía política. Ed. Siglo XXI. Séptima edición. Argentina, 1997.


Mirowsky, Phillip. 1990. More heat than light: economics as social physics, physics as nature`s economic. Cambridge University Press. Inglaterra 1990.


Ricardo, David. 1817. Principios de economía política. Ed. Sarpe. Madrid, 1985.


Schumpeter, Alois. Capitalism, Socialism and Democracy. Ed. Harper. New Cork, 1942.


Senge, Peter. 1990. La quinta disciplina. Ediciones Granica. Barcelona, 1998.


Sweezy, Paul. 1942. Teoría del desarrollo capitalista. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 1987.


1 El término mecanicista se refiere a la concepción cosmológica de la física newtoniana que concibe al mundo como una gran máquina en armonía. El mecanicismo en las ciencias sociales se identifica como la analogía de este concepto aplicado a la realidad social y humana. Así, la sociedad o el pensamiento se explican como una gran máquina con partes interrelacionadas pero independientes que logran establecer en conjunción cierta armonía.

2Para Marx el desarrollo de la filosofía se encuentra correlacionada con el avance de las ciencias, y por ende, el desarrollo filosófico debe ir acompañado de los nuevos descubrimientos científicos que ejercen un fuerte influjo sobre la manera en que los hombres conciben el mundo.

3 Cabe destacar como avances significativos los realizados por Lenin, Rosa Luxemburgo, M. Kalecki, Maurice Dobb, Fernand Braudel, Paul Baran y Paul Sweezy, así como la teoría de la dependencia, entre otros.

4 Se entiende por Falacia de accidente inverso el error lógico cometido cuando se dotan al conjunto o totalidad las características de alguna o algunas partes del mismo. Es decir, es erróneo suponer que lo general posee la misma naturaleza y comportamiento de las particularidades de la que está compuesto. Como ilustración de este punto, es clara la diferencia para un biólogo entre bosque y árbol, a pesar de que el bosque esté constituido por árboles, o aún más clara la diferencia entre el estudio del cuerpo humano y el estudio de la célula. Lo que es necesario reafirmar, es la diferencia entre el todo y las partes.

5 La visión del mundo como colección de cosas aisladas se debe a la física desarrollada por Newton y al gran desarrollo de la mecánica, mientras que para el siglo XIX la química y la biología tienen importantes desarrollos que pone de relieve los procesos internos de los cuerpos y su constante evolución.

6 Heráclito veía en el cambio continuo de todas las cosas la ley más general: «todo es y no es, puesto que todo está fluyendo, todo está transformándose sin cesar, cambiando y pereciendo».

7 Esta relación de cambio es muy particular respecto a las demás efectuadas en el mercado, ya que el intercambio no es equivalente a los valores correspondientes. El obrero, quien es capaz de producir más valor del que consume, recibe tan sólo el valor suficiente para la reproducción de la fuerza de trabajo, mientras que la plusvalía producida por el obrero es apropiada por el capitalista.

8 La mercancía es entendida como los bienes o servicios producidos cuyo destino es el mercado.

1

No hay comentarios: